8/9/17

Los 111 títulos de la Biblioteca Clásica de la RAE

La Real Academia Española (y ya está, no es Real Academia Española de la Lengua, es solo Real Academia Española, aunque se ocupe de la lengua, esta no va incluida en el nombre de la institución) inició en 2011 un bello proyecto editorial en el que va a reunir el núcleo duro de la literatura clásica en español, desde la noche de los tiempos hasta el siglo XIX, tanto de España como de Hispanoamérica. 

Aquí os dejo los títulos y autores de la colección completa para que podáis usar este post a modo de lista y así motivaros para ensanchar vuestro conocimiento de los titanes clásicos de nuestro idioma. 
  1. Cantar de Mio Cid.
  2. Libro de Alexandre.
  3. Milagros de Nuestra Señora. Gonzalo de Berceo.
  4. Estoria de España. Alfonso el Sabio.
  5. El conde Lucanor. Don Juan Manuel.
  6. Libro de buen amor. Arcipreste de Hita.
  7. Romancero.
  8. Rimado de Palacio. Pedro López de Ayala.
  9. El Victorial. Gutierre Díaz de Games.
  10. Comedia de Ponza, sonetos, serranillas y otros poemas. Marqués de Santillana.
  11. Arcipreste de Talavera. Alfonso Martínez de Toledo.
  12. Laberinto de Fortuna y otros poemas. Juan de Mena.
  13. Poesía. Jorge Manrique. 
  14. Claros varones de Castilla, Letras. Fernando del Pulgar
  15. Cárcel de amor. Diego de San Pedro.
  16. Amadís de Gaula. Garci Rodríguez de Montalvo.
  17. Gramática sobre la lengua castellana. Antonio de Nebrija.
  18. La Celestina. Fernando de Rojas.
  19. Teatro. Juan de la Encina.
  20. Soldadesca, Tinellaria y otras obras. Bartolomé de Torres Naharro.
  21. Diálogo de Mercurio y Carón. Alfonso de Valdés.
  22. La lozana andaluza. Francisco Delicado.
  23. Teatro castellano. Gil Vicente.
  24. Obra poética y textos en prosa. Garcilaso de la Vega.
  25. Diálogo de la lengua. Juan de Valdés.
  26. Libro áureo de Marco Aurelio. Fray Antonio de Guevara.
  27. Sermón de amores y otras obras. Cristóbal de Castillejo.
  28. Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Fray Bartolomé de las Casas.
  29. Lazarillo de Tormes.
  30. Pasos. Lope de Rueda.
  31. El Crotalón. Cristóbal de Villalón.
  32. La Diana. Jorge de Montemayor.
  33. El Abencerraje.
  34. Introducción al símbolo de la fe. Fray Luis de Granada.
  35. Libro de la vida. Santa Teresa de Jesús.
  36. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Bernal Díaz del Castillo.
  37. La Araucana. Alonso de Ercilla.
  38. Poesía. Fray Luis de León.
  39. De los nombres de Cristo. Fray Luis de León.
  40. Cántico espiritual y poesías completas. San Juan de la Cruz.
  41. Algunas obras y otros poemas. Fernando de Herrera.
  42. Guzmán de Alfarache. Mateo Alemán.
  43. La Galatea. Miguel de Cervantes.
  44. Viaje del Parnaso y poesía completa. Miguel de Cervantes.
  45. Entremeses. Comedias y tragedias. Miguel de Cervantes.
  46. Novelas ejemplares. Miguel de Cervantes.
  47. Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.
  48. Persiles y Segismunda. Miguel de Cervantes.
  49. Rimas humanas y otros versos. Lope de Vega.
  50. Peribáñez, Fueteovejuna. Lope de Vega.
  51. La dama boba, El perro del hortelano. Lope de Vega.
  52. El caballero de Olmedo. Lope de Vega.
  53. La Dorotea. Lope de Vega.
  54. Comentarios reales de los incas. Inca Garcilaso de la Vega.
  55. Epístola moral a Fabio y otros escritos. Andrés Fernández de Andrada.
  56. Las mocedades del Cid. Guillén de Castro.
  57. Polifemo, Soledades y otros poemas. Luis de Góngora.
  58. Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisí y otros versos. Francisco de Quevedo.
  59. La vida del Buscón. Francisco de Quevedo.
  60. Sueños y discursos. Francisco de Quevedo.
  61. El burlador de Sevilla. Tirso de Molina.
  62. El vergonzoso en palacio. Tirso de Molina.
  63. La verdad sospechosa. Juan Ruiz de Alarcón.
  64. Novelas amorosas y ejemplares. María de Zayas.
  65. La dama duende. Pedro Calderón de la Barca.
  66. La vida es sueño, El alcalde de Zalamea. Pedro Calderón de la Barca.
  67. El gran teatro del mundo. Pedro Calderón de la Barca.
  68. El diablo cojuelo. Luis Vélez de Guevara.
  69. Estebanillo González. Esteban González.
  70. Entremeses. Luis Quiñones de Benavente.
  71. Entre bobos anda el juego. Francisco de rojas Zorrilla.
  72. El desdén, con el desdén. Agustín Moreto.
  73. República literaria, Empresas políticas. Diego de Saavedra Fajardo.
  74. El Criticón. Baltasar Gracián.
  75. Primero sueño y otros poemas. Sor Juana Inés de la Cruz.
  76. Ensayos. Benito Jerónimo Feijoo.
  77. Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras. Diego de Torres Villarroel.
  78. Fray gerundio de Campazas. José Francisco de Isla.
  79. Sainetes. Ramón de la Cruz.
  80. Raquel. Vicente García de la Huerta.
  81. Cartas marruecas, Noches lúgubres. José de Cadalso.
  82. El delincuente honrado y otras obras. Gaspar Melchor de Jovellanos.
  83. Poesías. Juan Meléndez Valdés.
  84. La comedia nueva, El sí de las niñas. Leandro Fernández de Moratín.
  85. Lazarillo de ciegos caminantes. Concolorcorvo.
  86. Periquillo Sarmiento. Joaquín Fernández de Lizardi.
  87. Don Álvaro o la fuerza del sino. Duque de Rivas.
  88. Fígaro, Colección de artículos dramáticos, literarios, políticos y de costumbres. Mariano José de Larra.
  89. Lírica, El estudiante de Salamanca. José de Espronceda. 
  90. El trovador. Antonio García Gutierrez.
  91. Don Juan Tenorio. José de Zorrilla.
  92. La gaviota. Ferrán Caballero.
  93. Facundo o Civilización y barbarie. Domingo Faustino Sarmiento.
  94. Memorias y otras páginas. Gertrudis Gómez de Avellaneda.
  95. Poesía selecta. Ramón de Campoamor.
  96. Rimas. Gustavo Adolfo Bécquer.
  97. Leyendas. Gustavo Adolfo Bécquer.
  98. María. Jorge Isaacs.
  99. En las orillas del Sar y otros poemas. Rosalía de Castro.
  100. El gran galeote. José de Echegaray.
  101. El sombrero de tres picos. Pedro A. de Alarcón.
  102. Tradiciones peruanas. Ricardo Palma.
  103. Pepita Jiménez. Juan Valera.
  104. Trafalgar, La corte de Carlos IV. Benito Pérez Galdós.
  105. Fortunata y Jacinta. Benito Pérez Galdós.
  106. Miau. Benito Pérez Galdós.
  107. Peñas arriba. José M. de Pereda.
  108. El cuarto poder. Armando Palacio Valdés.
  109. La Regenta. Leopoldo Alas, Clarín.
  110. Cuentos. Leopoldo Alas, Clarín.
  111. Los pazos de Ulloa. Emilia Pardo Bazán.


22/8/17

Los libros más recurrentes en las mejores listas de los mejores libros

Cualquiera que siga con atención este blog, si es que alguien lo hace, sabrá que el tema de las listas literarias es uno de los más habituales. Basta con echar un rápido vistazo al historial para encontrar entradas como Los libros más importantes del siglo XX, Los 50 mejores relatos de todos los tiempos o Las cinco mejores letras de Bob Dylan (nos guste o no, las letras de las canciones son literatura, da igual que se escriban para ser cantadas, pues el teatro también es literatura aunque se escriba para ser representado). Algunas las he traducido del inglés, como Las 100 mejores novelas de ciencia-ficción, pero muchas otras las he elaborado yo mismo, como Los diez mejores relatos de Charles Bukowski, 100 libros cortos para gente ocupada o, lo que me pareció la última y sublime vuelta de tuerca a este asunto: Las mejores listas de libros. 

Precisamente, basándome en esta última, se me ha ocurrido la que hoy os traigo. Tras una exhaustiva "investigación" en la que me he servido de potentes herramientas como el buscador de palabras de las carpetas de Windows, he preparado esta clasificación de libros en función del número de veces que aparecen en algunas de las listas de libros más importantes que conozco. Esto es como la Champions de los libros, o como la Continental Cup of Curling de los libros, si utilizásemos el curling en vez del fútbol como metáfora de la literatura (sí, joder, la cosa esa de ir barriendo el hielo que parece algún tipo de petanca para personas acomodadas).

Sin más, aquí tenéis la lista de los libros más recurrentes en las mejores listas de los mejores libros.


Seleccionados en ocho listas
  • 1984. George Orwell. 
  • Lolita. Vladimir Nabokov.

Seleccionados en siete listas
  • Ulises. James Joyce.
  • Cien años de soledad. Gabriel García Márquez.
  • En el camino. Jack Kerouac.
  • Las uvas de la ira. John Steinbeck.
  • El Gran Gatsby. F. Scott Fitzgerald.
  • El guardián entre el centeno. J. D. Salinger.

Seleccionados en seis listas
  • En busca del tiempo perdido. Marcel Proust.
  • Hijos de la media noche. Salman Rushdie.
  • El extranjero. Albert Camus.
  • Trampa 22: Joseph Heller.

Seleccionados en cinco listas
  • Un mundo feliz. Aldous Huxley.
  • Matar un ruiseñor. Harper Lee.
  • Al faro. Virginia Woolf.
  • El hombre invisible. Ralph Ellison.
  • Pasaje a la India. E. M. Forster.
  • Todo se desmorona. Chinua Achebe.
  • Ficciones. J. L. Borges. 
  • La montaña mágica. Thomas Mann.
  • La señora Dalloway. Virginia Woolf.
  • Lo que el viento se llevó. Margaret Mitchell.
  • La naranja mecánica. Anthony Burgess.
  • El cuaderno dorado. Doris Lessing.
  • El sueño eterno. Raymond Chandler.

Seleccionados en cuatro listas
  • Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.
  • Crimen y castigo. Fiódor Dostoievski.
  • Moby Dick.  Herman Melville.
  • Las mil y una noches. Anónimo.
  • Madame Bovary. Gustave Flaubert.
  • Trópico de cáncer. Henry Miller.
  • Orgullo y prejuicio: Jane Austen.
  • Cumbres borrascosas. Emily Brontë.
  • Rojo y negro. Stendhal.
  • El proceso. Franz Kafka.
  • Pedro Páramo: Juan Rulfo. 
  • Los viajes de Gulliver.  Jonathan Swift.
  • Alguien voló sobre el nido del cuco. Ken Kesey.
  • El señor de las moscas. William Golding.
  • El nombre de la rosa. Umberto Eco.


Nota metodológica 

La vida no es justa y esta clasificación tampoco porque algunas listas son solo del siglo XX, otras son solo de lengua inglesa y blablablá. Así, por ejemplo, Don Quijote, que es considerada por mucha gente como la mejor novela de la historia, solo aparece en cuatro listas de nueve, pero es que del total, estaba vetada en cinco por no ser del siglo XX ni estar escrita en inglés. Es decir, aparece en las cuatro listas a las que optaba. Otros ejemplos de libros seleccionados en todas las listas posibles son Lolita, 1984, Ulises o Cien años de soledad


Segunda nota metodológica

Las listas utilizadas para esta investigación han sido:






15/8/17

Me da igual, joder, me da igual

Dann supo por primera vez de aquel estudio viendo un documental. Era ese asunto de los dedos. Al parecer, los hombres heterosexuales y las lesbianas suelen tener el índice más corto que el anular, mientras que las mujeres heterosexuales y los gais muestran tenerlos de una longitud parecida. Dann pausó el documental y se miró las manos. Ahí estaban sus dedos índice, ligeramente más largos que los anulares. “La madre que me …” pensó. Se levantó del sofá y fue a la cocina. Abrió una lata de cerveza de medio litro y empezó a beber. Después lio un cigarrillo y se puso a fumar. Fumó y bebió un buen rato. Luego volvió al sofá. 

“Pero si a mí me gustan los coños”, pensó. Y era cierto. Si de algo estaba seguro Dann en esta vida era de que se sentía atraído por las mujeres. Sin embargo… ¿Estaba seguro de que no le atraían los hombres? Lo cierto es que nunca había reflexionado sobre ello.

Cuando era pequeño, le chupó el pene a su primo y su primo se lo chupó a él, pero, ¿acaso no hacía eso todo el mundo? Dann suponía que sí, pero tampoco lo había hablado con nadie. Por otro lado, el chaval que reponía la máquina de refrescos en el trabajo, ese de los ojos color miel… “¡Dios mío, soy bisexual!”, pensó Dann.

¿Cómo afectaría eso a su vida cotidiana? Bien, en el terreno místico, no habría problemas. Dann no creía en ninguno de los cientos de dioses actuales o de la antigüedad, por lo que no debía preocuparse por todo ese rollo del infierno. 

Por otra parte, las posibilidades de tener sexo o conseguir pareja crecían notablemente. Al parecer, entre un tres y un cuatro por ciento de los hombres son homosexuales. ¡Eso incrementaba su target en millones de personas! “Se acabaron las noches solitarias”, pensó mientras abría otra cerveza.

Estaba también el tema de la familia. A su padre no le haría ninguna gracia; a su madre le daría igual; a su hermana empezaría a caerle mejor; a su gato solo le importaría seguir recibiendo sus raciones de salmón noruego descuartizado. 

¿Y en el trabajo? Bueno, las cosas ya no eran como en otros tiempos. Allí estaba su compañera, Gineke, que era lesbiana y que no sufría ningún tipo de discriminación o desprecio. Hablaba con los muchachos sobre resultados deportivos y sobre tías buenas con total naturalidad. Los tiempos cambian, ¿no? En el colegio… bueno, los niños son como psicópatas salvajes, como criaturas infernales entrenadas para provocar sufrimiento y desasosiego. Pero Dann ya era adulto, vivía en el mundo de los adultos y podía tomar decisiones adultas. Podía tomar sus propias decisiones siempre que no dañasen a otros, el tipo de decisiones que le incumben solo a uno mismo. No, no habría problemas en el trabajo.

Dann se sintió calmado y feliz, y también un poco borracho, por lo que decidió abrir otra cerveza y terminar de ponerse a tono. Se sentó en el sofá con una sonrisa y pulsó el play. El científico al que entrevistaban en el documental dijo que había otro estudio que contradecía al primero. Al parecer, las lesbianas sí que mostraban dedos índices más cortos pero, en los hombres homosexuales, no se percibían diferencias significativas con los heterosexuales. Es decir, los gais también tenían dedos índices cortos. El científico comentaba que esta contradicción en los estudios se estaba analizando con mucho interés.

Dann se miró los dedos. Estuvo observándolos un rato. ¿Qué pasaba entonces con sus índices larguiruchos? ¿Eh? ¿En qué quedábamos? ¿Era Dann hetero, homo, bi, a, demi, inter, pan...?

—¡Me da igual, joder, me da igual! —gritó en mitad de la noche—.  ¡Voy a probar con tíos de todas formas! —Y se fue a la cama mientras allá afuera las galaxias continuaban alejándose unas de otras a una velocidad proporcional al cuadrado de la distancia que las separaba.


28/4/17

Diez nanorrelatos de... DISTOPÍAS

Aquí va una selección de 10 brevísimas historias cuya temática gira en torno a posibles futuros distópicos hacia los que quizá nos estemos encaminando. Provienen de mi eBook RETAZOS DE PASADO MAÑANA: 99 NANORRELATOS DE CIENCIA-FICCIÓN que se puede adquirir por 0,99 euros en http://bit.ly/retazosdepasadomañana


FUNCIONARIO

Trabajo para nuestra amada teocracia. Lo que hago es seducir mujeres y, si no me rechazan, las ejecuto por pecadoras. Aunque antes  me las follo, claro. Ni a los jefes ni a Dios les parece mal.


MERCADO NEGRO

Consiguió un saquito de fresas por un dineral y algunas estaban podridas. Nunca antes había visto fresas. Tampoco gusanos.


PROGRAMACIÓN

Estaba haciendo zapping y solo había peleas a muerte y violaciones en directo. Entonces lo pensé. ¿Joder, cómo podemos permitirlo? Es un crimen una programación tan aburrida.


DESCARGA

Ayer Tim llegó de nuevo llorando del cole y se descargó una personalidad agresiva. Hoy, los padres de Boby, su compañero abusón, velan el cadáver de su hijo en el tanatorio.


PASEO

Hoy caminaba por la calle y un recluso de las cloacas me ha agarrado del tobillo. “¡Ayuda! ¡Ayuda!”, gritaba el asqueroso. Le he pegado un tiro y me he puesto perdido de sangre.


RUTINA

K despierta y paga su dosis de aire. Va al trabajo y ejecuta a cinco hostiles. Vuelve a casa y se inyecta su dosis de nutrientes. Hoy tampoco anota nada en su diario.


PUBLICIDAD

He entregado a mi hermana a esos tipos para que la violen. Me siento fatal, pero necesito mucha pasta… ¡Necesito esas putas Nike, joder!


AUDIENCIA

Un reality show con criminales. El ganador consigue el tercer grado. Cada semana, el público vota por SMS para ver quién acaba en la silla eléctrica.


COMPRAS

Voy al súper. Pasillos llenos de productos básicos: comida, drogas, baterías cerebrales… Compro un kit de suicidio y vuelvo a casa.


MEJORAS

Las cosas están cambiando en el curro. Ahora el jefe me paga dos litros de agua por cada niño que secuestro.



18/4/17

Diez nanorrelatos de... EXTRATERRESRES

Aquí va una selección de 10 brevísimas historias cuya temática gira en torno al contacto con seres de otros planetas. Provienen de mi eBook RETAZOS DE PASADO MAÑANA: 99 NANORRELATOS DE CIENCIA-FICCIÓN que se puede adquirir por 0,99 euros en http://bit.ly/retazosdepasadomañana


NECESIDADES

La chica alienígena sintió remordimientos y me confesó que solo me quería por mi semen, porque le hacía falta para invadir el planeta. Yo... en fin, sé que no es excusa, pero es que llevaba demasiado tiempo sin comerme una rosca.


ETHOS

—He leído que hay unos locos por ahí que dicen que no está bien comer animales, aunque sean estúpidos y los criemos para eso.
—Me da igual lo que digan, a mí me encanta la carne humana.


KARMA

Ayer capturamos una de esas cosas marcianas. Tenía un agujero, así que le pusimos una peluca y nos la follamos. Esta mañana hemos despertado con tumores por todo el cuerpo.


CON TACTO

—¿Te gusta la ciencia-ficción?— me preguntó el alienígena androide del futuro mientras modificaba mi ADN con la mente.


DESCUBRIMIENTO

Hemos descubierto que Dios existe. Es un peligroso psicópata buscado por la policía de su planeta. Nosotros somos una especie de videojuego.


MORALIDAD

Aquellos seres habían creado un mundo sin guerra ni crimen mediante eugenesia. A nosotros nos pareció una aberración moral, así que los masacramos.


EXTRATERRESTRES

Nadie imaginó que serían microscópicos. Ahora viven en nuestros cerebros. Si desobedecemos… nos dejan en coma irreversible. 


HISTORIA

Los veritas consideran que la Era Actual comenzó hace unos mil quinientos años, cuando abandonaron el nomadismo y aprendieron a domesticar civilizaciones.


REVELACIÓN

Papá y mamá me confiesan que no son mis padres biológicos y de repente todo cobra sentido: su piel clara y sin escamas, que carezcan de cuernos y tentáculos, que no me dejen salir de casa...


OPRESORES

Los extraterrestres nos subyugaron hace muchísimo tiempo. Son aterradores y muy desagradables. Se los conoce como "La Humanidad".



16/4/17

Recuerdos

A la abuela y a mí nos encantaba ir juntas a pasear por el bosque. Caminábamos bajo las frondosas ramas, charlando sobre nuestras cosas, hasta que llegábamos al riachuelo. Entonces, ella me transformaba en el animal que yo quisiera: un lobo, una ardilla, una serpiente… Me dejaba a mi aire durante unas horas mientras se entretenía leyendo o haciendo punto. Antes de que empezase a oscurecer, la abuela deshacía el hechizo y regresábamos tranquilamente a casa para preparar la cena y dar de comer a los perros.

Una tarde, elegí adoptar la forma de un pajarillo y estuve sobrevolando las copas de los árboles. Fascinada por las majestuosas vistas del valle, me alejé demasiado y, al posarme para descansar, caí en una trampa de pegamento. Un hombre vino, me cogió y me metió en una pequeña jaula. He perdido la cuenta de los días que llevo aquí. La soledad me está matando. Espero que la abuela consiga dar conmigo antes de que me vuelva completamente loca.



11/4/17

Diez nanorrelatos de... ROBOTS

Aquí va una selección de 10 brevísimas historias cuya temática gira en torno a los robots y la inteligencia artificial. Provienen de mi eBook RETAZOS DE PASADO MAÑANA: 99 NANORRELATOS DE CIENCIA-FICCIÓN que se puede adquirir por 0,99 euros en http://bit.ly/retazosdepasadomañana


INTENTO DE SUICIDIO

Quiso cortarse las venas, pero descubrió que bajo la piel tan solo tenía cables, metal y circuitería.


COBRADOR DEL FRAC 3000

Si no pagas, fabrican un cíborg con tu imagen que se pasea desnudo por la calle y defeca en medio de las aceras.


CAPRICHOS

—Mami, por favor, cómprame un perrobot.

—Pero, hijo, mira al pobre miniT-Rex lo triste que está.

—¡Ya me he cansado de esa mierda!


MUDANZA

Nunca me gustaron las mudanzas, pero recuerdo que aquella fue un auténtico infierno. Me refiero a cuando los cíborgs nos echaron de la Tierra.


AMOR IMPOSIBLE

Dicen que lo nuestro no tiene futuro. Vale, es cierto, ella es una zombi y yo un robot, pero, joder, creo que hoy en día la palabra imposible no significa absolutamente nada.


LECHO DE MUERTE

Su último pensamiento fue para la Gran Anciana, su creadora, fallecida dieciocho siglos antes. 


CONVERSACIÓN

—Te digo que sí.

—Joder, y yo te digo que no.

—¡Que sí, hostias!

—Que no, que las máquinas no podéis pensar.

—¡Las máquinas pensamos mucho mejor que vosotros, gatos transgénicos!


NIÑO

Esta es la historia de un niño robot que tenía sentimientos... sentimientos homicidas, y acababa matando a un grupo de monjas en la cola del supermercado.


UN MUNDO MUY FELIZ

El crononauta avanzó 10.000 años para descubrir un tiempo en el que no había guerras ni odio. Tampoco gente. Solo robots cuidando gatitos.


¿ESTAMOS TODOS MUERTOS?

—¡Sí! —gritó Dios con su voz profunda y metálica.



7/4/17

Con o sin tu ayuda

Despierto sobresaltado, con una cierta sensación de agobio. En otro tiempo lo habría atribuido a una pesadilla, pero nosotros no soñamos. Es una de las cuestiones que la literatura de vampiros no supo vaticinar: que nuestra actividad cerebral se tornaría casi nula cuando estuviésemos dormidos. No conocemos el motivo exacto por el que esto sucede, pero se está investigando. El estudio de nuestra naturaleza se encuentra en una etapa muy temprana de su desarrollo y todavía contiene demasiados interrogantes.

Antes de saludar a Wendy, me dirijo a la cocina para beber una gran cantidad de sangre. Necesito hacerlo si quiero controlar mejor las espantosas ganas de morderla que me sobrevienen cada vez que la veo. El sabor de la sangre clonada que consumimos es bastante decente, pero la original, la auténtica y pesada sangre humana que fluye por el sistema circulatorio de un individuo joven y sano… todo el mundo sabe que no existe comparación posible. Con el estómago lleno, al borde del empacho, no es que las venas de Wendy dejen de atraerme, pero al menos consigo que mi lado humano recupere un poco de presencia en mis emociones, posibilitando que el cariño que siento por ella sobrepase con creces mis deseos de dejarla seca.

Si viviese en la ciudad, me habría resultado imposible mantener a Wendy a salvo de mis semejantes. Afortunadamente, dispongo de una casa grande y aislada. Durante el día ella puede salir a pasear por el campo y tomar el aire con cierta tranquilidad. Por las noches, que es cuando existe un riesgo real y palpable para su vida, baja al sótano y se introduce en mi propio ataúd una vez que yo lo he abandonado. Es un buen escondite. Por un lado, está completamente impregnado con mi olor, lo cual disimula el suyo, y, por otro, se considera una falta de respeto gravísima husmear en ataúdes ajenos. En cualquier caso, la puerta cuenta con cerraduras de seguridad. Las ventanas, lógicamente, se encuentran tapiadas.

Después de tomar mi desayuno coincido con ella unos minutos. A veces pasamos un buen rato charlando, pero hoy se la ve triste y reservada. Lo cierto es que lleva un tiempo mostrando un semblante melancólico. Imagino cómo debe sentirse. Es una chica fuerte y está llevando todo esto con mucha entereza; aun así, está claro que todos tenemos nuestros límites. Le digo que se meta pronto al ataúd y me marcho a trabajar.

Una sociedad de vampiros no deja de ser un palpitante entramado de necesidades de todo tipo. Aunque algunas sean diferentes, otras muchas son prácticamente iguales a las que se daban en la antigua civilización humana: viajamos, nos vestimos, utilizamos electrodomésticos y redes sociales, leemos, escuchamos música… Precisamos y disponemos de un sinfín de profesionales: jueces y fontaneros, camareros y cirujanos, analistas de sistemas y programadores, taxistas, arquitectos, agentes inmobiliarios… También necesitamos gente que haga desaparecer los residuos y la suciedad que producimos con nuestras actividades cotidianas. Y ahí es donde entro yo: trabajo limpiando una estación de autobuses.

A la entrada me cruzo con Eva, una mujer robusta y agradable que trabaja vendiendo billetes de largo recorrido. Aparenta tener diez o doce años más que yo, aunque hoy en día la edad es algo que no tiene demasiada relevancia, puesto que somos potencialmente inmortales y no envejecemos; simplemente conservamos el aspecto que teníamos el día de la transformación. Le pregunto por su marido y su hijo y me dice que están bien.

La jornada transcurre con normalidad. Me cruzo con miles de personas que van de aquí para allá, tomando autobuses o bajándose de ellos, enredados en sus pensamientos, malhumorados, optimistas, apenados. Gente que camina arrastrando los pies o que abraza a sus seres queridos. Gente sin miedo a la muerte. Personas conscientes de que tienen la eternidad ante sí, compleja, sobrecogedora e incomprensible. Mientras tanto, yo barro y friego los suelos, vacío papeleras, recojo periódicos arrugados, folletos publicitarios y boletos de lotería sin premiar.

Durante el descanso, me siento con mis compañeros a tomar un poco de sangre de la máquina en vasitos de papel. Su sabor es horrible, pero a veces se hace difícil abandonar las viejas costumbres. Algunos de los muchachos fuman cigarrillos mientras charlan desapasionadamente de esto y de aquello.

―Dicen que en algunas zonas del planeta hay granjas de seres humanos ―relata uno de ellos―. Su sangre es carísima y muy pocos se la pueden permitir. Los humanos no son como los cerdos, que tienen embarazos rápidos y camadas numerosas. Criar humanos cuesta un dineral.

―Mataría por beber sangre de verdad ―dice otro compañero―. Mataría por volver a los tiempos oscuros.

Los tiempos oscuros comenzaron el día en que, aproximadamente, un quinto de la población mundial se transformó. Todavía desconocemos la causa. Se barajan hipótesis dispares: desde una enfermedad espontánea hasta un ataque extraterrestre, pasando por un microorganismo gestado en las entrañas de algún laboratorio perteneciente a una organización terrorista, a un gobierno en la sombra, a una conspiración mesiánica. La cuestión es que, a pesar de ser minoría, en pocas semanas llevamos a los humanos prácticamente a la extinción. Un hombre adulto podía tener unos cinco litros de sangre en su interior mientras que nosotros necesitamos beber tres o cuatro litros cada día para sentirnos bien. La consiguiente escasez de humanos provocó que millones de los nuestros muriesen de inanición en los meses posteriores. Afortunadamente, unos cuantos tipos brillantes y visionarios tomaron conciencia del problema desde el principio y lo solucionaron con la producción masiva de sangre clonada, una línea de investigación que los seres humanos ya tenían muy avanzada, aunque para otros fines. Aquéllos fueron los llamados tiempos oscuros. A pesar de todo el caos y el sufrimiento, algunos los recuerdan con nostalgia, pues resultaba relativamente sencillo cruzarte con algún grupo de humanos supervivientes si te esforzabas un poco buscando.

Salgo del trabajo, cojo el coche y me dirijo a las afueras. Siempre lo hago. Aprovecho que quedan unas horas de oscuridad para recorrer pueblos abandonados en busca de comida para Wendy. Ella no debe ir por ahí conduciendo. Alguien podría verla, aunque lo hiciese de día. Por eso tengo que encargarme yo. Nosotros ya no fabricamos ningún tipo de alimento, salvo la sangre clonada. Yo voy guardando para ella todo lo que encuentro en las casas: latas de conserva, medicinas, suplementos alimenticios… Ella lo complementa recogiendo algunos frutos silvestres durante el día. Aun así, estoy empezando a inquietarme. Es evidente que llegará un momento en que este sistema no dé más de sí. Tenemos que pensar en alguna alternativa.

Llego a casa después de horas buscando provisiones y descubro que Wendy ha desaparecido. Quizá por eso me sentí angustiado al despertar. Hay quien dice que estamos desarrollando una especie de precognición a nivel emocional. Es otro interesante campo de estudio.

Wendy no se marcharía sin avisarme de algún modo. Busco inútilmente una nota mientras me voy quebrando por dentro. Las piernas me tiemblan. La atmósfera se torna densa e irreal. Me lanzo como un loco a registrar la casa. Ni rastro de ella. Ni la veo ni percibo su olor. Me dirijo al exterior convertido en una masa de nervios. El cielo se está aclarando. Al este, las cumbres de las montañas empiezan a refulgir. No me queda tiempo. La piel me arde. Los ojos me escuecen. Debo ocultarme. Muerto no podré hacer nada por ella. Corro hacia el sótano y me deslizo al interior de mi ataúd. Estaré atrapado durante unas catorce horas.

Por favor, Wendy, mantente a salvo.

Cuando por fin el reloj me avisa de que es completamente de noche, salgo del ataúd y me encuentro a Wendy en el suelo, apoyada en la pared de enfrente. Aterrorizado, me lanzo junto a ella. Está viva. Está consciente. La abrazo. Tiene los labios hinchados y amoratados. También una ceja partida de la que fluye un hilillo de sangre. Está sucia, tiene rota la camiseta. Lucho por ignorar sus deliciosas heridas. Me veo tentado a limpiarle la cara con un dedo y llevármelo a la boca. Consigo resistir, al menos de momento.

―¿Qué te ha pasado?

―Conocí a alguien.

―¿Un humano?

―Sí, un chico algo mayor que yo. Me dijo que había un refugio. Que estaba buscando supervivientes. Me dijo que era un lugar protegido por vampiros buenos. Por gente como tú.

Empieza a llorar. Se la ve completamente abatida. Siempre temí que esto pudiese ocurrir. Los humanos también tienen instintos. Wendy necesita compañía de los suyos. Necesita cosas que yo no podría darle. El deseo sexual no existe entre nosotros. Al transformarnos dejamos de producir testosterona, oxitocina y demás hormonas relacionadas con el sexo y el amor romántico. En su lugar empezamos a generar hormonas nuevas, como la endonalina, que se encarga de intensificar nuestro apetito por la sangre humana.

Si pudiera transformarla… Si eso fuera posible, todo se arreglaría. Creo que ella aceptaría encantada. Por desgracia es algo que no sobrepasa los límites de la ficción. Nuestra mordedura no transforma humanos. Sólo los mata.

―¿Dónde está?

―No hace falta. Yo misma le di su merecido.

―Lo encontraré con o sin tu ayuda.

Vacila un instante, pero acaba diciéndomelo.

―Creo que marchó hacia la zona boscosa que hay entre el arroyo y las colinas.

―Métete en el ataúd.

Atravieso la puerta y me detengo un momento para aspirar el aire nocturno. La luna brilla enorme en el cielo, acompañada por millones de estrellas temblorosas.

Prepárate, pequeño bastardo. Estoy hambriento y me has regalado la excusa perfecta para dejar de lado mis principios.


6/4/17

Orines y pescado podrido

Los padres de Víctor se habían marchado unos días al pueblo, así que aprovechamos para estar un rato en su casa antes de salir por ahí. Estuvimos escuchando música, bebiendo cervezas y metiéndonos cocaína. Yo tenía diecisiete años. Todos los veranos viajaba allí con mis padres, a Viejamar, una decadente ciudad costera en la que mis abuelos compraron un apartamento hace muchísimos años. Viajar allí era lo más económico, lo único que nos podíamos permitir. Yo tenía un par de amigos en aquel sitio. Uno era Víctor, el dueño de la casa y el otro se llamaba Aitor.

La brisa nocturna se colaba por el ventanal mientras escuchábamos el A noncling doll de los Hatchels y Aitor peinaba cocaína sobre la superficie de un pequeño espejo que cogimos del cuarto de baño.

―Mi hermano pequeño va a follar antes que vosotros ―dijo Aitor. Chupó el borde de su DNI y, con un tubito metálico, esnifó la raya más grande―. Creo que deberíais ir de putas.

―Pues yo creo que debería ir a ver a tu madre― dijo Víctor, y empezamos a reírnos.

Aquellos chicos vivían allí, habían nacido y se habían criado en Viejamar. Los conocía desde hacía años, desde pequeño, aunque ya no recuerdo exactamente de qué. Quizá de bajar a la playa o de la feria, ¿qué más da? Víctor era muy grande, parecía un toro con algo de sobrepeso; llevaba el pelo largo y un poco grasiento. Era buena gente, la típica persona que inspira confianza. Aitor, sin embargo, era un cabrón. Recuerdo que una vez salimos por ahí él y yo solos, sin Víctor, y yo acabé muy borracho; era incapaz de distinguir lo que se encontrase a más de medio metro de mis ojos. Él iba bien y empezó a aburrirse, así que me dijo que se marchaba a casa. Yo le pedí que se quedase un rato conmigo hasta que se me pasara un poco la borrachera. El cabrón dijo que no me veía tan mal y cuando me quise dar cuenta se había marchado; me había dejado tirado como trapo sucio. A la mañana siguiente desperté sobre las rocas, al lado del mar, con la cara y los brazos quemados por el sol. Alguien me había cortado un bolsillo con unas tijeras y me había robado la cartera.

―Esnifa, gordo yonki ―dijo Aitor, cediendo su sitio a Víctor.

―Yo nunca me follaría a una puta ―dijo Víctor. Esnifó uno de los tiros y me pasó el tubito de metal―. Prefiero morir virgen.

―¿En serio? Pues yo…― Hice una pausa y esnifé y sentí cómo la cocaína atravesaba mi cerebro hasta diluirse en mi alma, llenándome por completo de vitalidad y de locura―… joder, yo creo que esta va a ser mi noche.



La zona de bares de Viejamar siempre estaba llena de gente, sobre todo guiris. Un constante olor a orines y pescado podrido lo envolvía todo. Había muchísimas tías buenas con vestidos muy cortos y bronceados muy intensos.

Nosotros solíamos sentarnos en uno de los bancos de piedra que había en la plaza de la iglesia. Allí nos emborrachábamos con alcohol barato y mirábamos a la gente pasar. Después íbamos un rato a los discopubs a intentar conocer chicas, lo cual no sucedía casi nunca.

Aquella noche habíamos comprado una botella de whisky y otra de agua y bebíamos la mezcla en vasos papel. Ya no nos quedaba cocaína y tampoco teníamos dinero para comprar más. Eso nos deprimía un poco.

Yo me encontraba de pie frente a mis amigos, que fumaban cigarrillos sentados en el banco. Se me había cruzado un cable y les estaba dando una especie de verborreico mitin político. Ellos me miraban con cara de aburrimiento.

―¡… porque todo el mundo se queja, pero luego nadie va a partirse la cara con la policía!

Di un trago enorme de whisky con agua y me sequé la boca con el dorso de la mano. Los efectos de la cocaína se iban disipando, cediendo sitio a los del alcohol.

Alguien tocó mi hombro y al girarme vi una chica sonriente. Era bajita y morena y llevaba mucho maquillaje.

―¿Eres de Lobbia? ―me preguntó.

―No, soy de Dirdam ―respondí―. Mis amigos son de aquí, de Viejamar. Son perturbados autóctonos.

La chica y yo nos reímos.

―Creíamos que eras de Lobbia por las pintas que llevas― dijo. Alcé la vista por encima de su hombro y vi que en un banco cercano había un grupo de unas diez chicas mirando hacia nosotros.

―Simpatizo con las luchas sociales de Lobbia. En Dirdam somos todos unos mierdas. ―Señalé hacia nuestras botellas―. ¿Te gusta el whisky? Ya no nos queda mucho, pero hay suficiente para una ronda.

―La verdad es que no ―dijo arrugando la nariz―, pero tenemos un montón de bebida, por si os apetece venir con nosotras.

¿Quién podría haber dicho que no a algo así?



Estuvimos emborrachándonos con ellas durante dos horas, más o menos, y después fuimos todos a un discopub a bailar y a castigar nuestros oídos con pseudomúsica. Después de un rato en aquel antro, mis amigos y yo salimos a la calle a fumar un canuto de marihuana.

―Si hoy no follamos es que somos maricones ―dijo Aitor.

Del interior del discopub salió una de las chicas, la bajita que se había acercado a hablar con nosotros en la plaza de la iglesia.

―Oye ―me dijo―, ¿quién te gusta? Puedes enrollarte con la que te apetezca.

Al oír aquello casi se me sale el corazón por la boca.

―¿Puede ser contigo? ―le pregunté.

―No, yo tengo novio. Con cualquiera de las demás.

―Uhhhhmmm, pues con la rubita de las tetas enormes.

―Se llama María.

―Con María.

―Ahora vengo ―dijo la chica sonriéndome con complicidad.

―Eh, ¿y qué pasa con nosotros? ―preguntó Aitor.

―De vosotros no me han dicho nada, lo siento ―respondió antes de marcharse hacia el interior del discopub.

―¡Putas zorras calientapollas! ―dijo Aitor.

Me dio pena por Víctor. Ojalá alguna hubiese estado interesada en él. Se lo merecía. Respecto al Aitor, me alegró que se quedase a dos velas con la envidia carcomiéndole las entrañas.

A los pocos minutos la chica bajita apareció con María cogida de la mano. La colocó a mi lado como si fuera una niña pequeña que necesitase supervisión adulta para actuar.

―Bueno, os dejamos solos. Portaos bien ―dijo la chica mientras se llevaba a mis amigos. Víctor me sonrió y me guiñó un ojo antes de desaparecer tras la puerta del discopub.

María y yo estuvimos un rato allí de pie sin decir nada. Le ofrecí el porro, pero dijo que no. Yo estaba mareado. En el discopub había estado bebiendo de las copas de todas las chicas y cada una tomaba algo diferente. Me costaba mucho esfuerzo mantener la cabeza erguida.

―¿Vamos a un sitio más tranquilo? ―preguntó María.

―Sí ―respondí.



Caminamos en dirección al paseo marítimo, alejándonos del ruido y de la gente. Nos sentamos en un solitario banco en medio de las rocas. Era una noche sin luna y no se veía la línea del horizonte, tan sólo una oscuridad profunda y sobrecogedora.

Estuvimos hablando un rato. Yo cada vez me sentía peor y apenas podía levantar la vista del suelo. Me dijo que su hermano había muerto unos meses antes y que ella había estado de psiquiatras después de un intento de suicidio. «Pobre chica», pensé.

Yo no sabía qué decir, así que la besé. Sujeté su cara con las manos. Era increíblemente suave. Empecé a besarle el cuello y los hombros. Ella cogió mi mano derecha y se la llevó a las tetas. Me pareció que debían de ser las mejores tetas de la historia. Metí la mano por debajo de su camiseta y el tacto del sujetador me hizo estremecer. La cabeza me daba vueltas y empecé a sentirme bastante mal. Aguanté unos segundos más, pero me sobrevino una arcada y tuve que apartarme para no vomitarle encima.

―Dios, no. Joder. Dios mío―balbuceaba yo entre bocanada y bocanada de vómito. Todo empezó a oler a alcohol rancio.

―Tranquilo, hombre ―me dijo María acariciándome la espalda.

―¿Tienes un pañuelo?

―No.

Me limpié la boca y las lágrimas con la camiseta y me recosté en el banco.

―¿Estás bien? ―me preguntó.

―Sí ―respondí.

Entonces vomité un poco más.

―Vamos, te acompaño a casa ―dijo María.

―Lo siento. He bebido mucho.

―Ya veo.

De camino a casa, María me invitó a un cigarrillo y me cogió de la mano. Era una autentica preciosidad. Quiso darme un beso de despedida, pero me aparté. Le dije que me daba vergüenza, que mi boca debía apestar. Me besó en la mejilla y me dio las buenas noches.



A la mañana siguiente desperté sobresaltado. Cogí el móvil y llamé a María como si se fuese a acabar el mundo. Me moría por verla. Estaba hecho polvo por la resaca, pero jamás había experimentado tal grado de felicidad. Sentía que la noche anterior había empezado a vivir, que todos mis días precedentes no habían sido más que una maldita farsa, un trámite burocrático para llegar al momento en que María se cruzase en mi camino.

Lo malo fue que no hubo respuesta. Ni a aquella llamada ni a ninguna de las demás. Por la noche me llegó un mensaje de texto que decía:

Lo siento, no he superado lo de mi hermano y no tengo ganas de estar con nadie, sólo con mis amigas. Cuídate.

Fui a la cocina y cogí una cerveza. Estaba completamente destrozado. Salí a la terraza, di un buen trago y encendí un cigarrillo. Entonces apareció mi padre y dijo:

―¡Qué coño haces fumando!



5/4/17

Mil años

Llegaron a La Tierra en su prodigiosa nave-ciudad. La conmoción generada fue de tal magnitud, que todos los demás asuntos dejaron de importarnos. Lo primero que hicieron fue darnos las claves para elevar nuestra esperanza de vida hasta los mil años. Querían que todos tuviésemos tiempo para aprender su complejo lenguaje, lo cual era un requisito indispensable para convertirnos en esclavos excelentes. 


4/4/17

Los días de Minog

La noche en que nació Minog, los siete hechiceros del Rey tuvieron sueños terribles y despertaron llorando sangre. Al llegar el alba, acudieron prestos y compungidos a informar sobre sus apocalípticas visiones. Al Rey no le agradaba que se dudase de su poder, así que dio la orden de que todos fuesen ejecutados con la llegada del crepúsculo. Sin embargo, las sombrías palabras de los hechiceros se quedaron grabadas en la mente del temible monarca, obsesionándolo, avivando sus más oscuros temores, afligiendo su corazón e importunando su descanso.

“Un niño, concebido en un lupanar, engendrado por una prostituta ciega, abandonado en un vertedero y criado entre las ratas. Por ese niño, ríos de sangre surcarán la corte, olas de fuego lamerán la ciudad y toda vuestra gloria quedará reducida a cenizas, arrastrando vuestro nombre al más completo olvido”.

Apenas unos días después de conocer tan terribles augurios, el Rey ya no pudo soportar más la angustia que crepitaba en sus entrañas y decidió tomar medidas. Mandó ejecutar a todos los niños y niñas menores de cinco años, ya fuesen hijos de nobles o de villanos, de hombres libres o de esclavos, de cortesanas o de campesinas, de prostitutas o de reinas. Ni siquiera el hijo menor del Rey quedó libre de semejante sentencia y fue asesinado a manos de su propio padre. Cuando la Reina supo de la horrible muerte de su pequeño, acudió a la sala del consejo real y, en presencia del Rey y sus ministros, se atravesó el corazón con una daga de marfil.

El cuerpo exánime de la Reina desangrándose sobre las níveas baldosas de mármol fue tan sólo una pequeña muestra de lo que estaba por venir. Los intentos de regicidio empezaron a tomar una frecuencia casi diaria. Nobles, ministros, consejeros… casi todo el mundo había perdido algún hijo en aquella desoladora masacre, y para muchos de ellos, sus propias vidas dejaron de tener valor, quedando completamente cegados por el deseo de venganza. Al Rey le empezó a resultar extremadamente complicado que su guardia personal lo protegiese, pues muchos de ellos intentaron también asesinarlo, y tuvo que cubrir las bajas con soldados jóvenes sin hijos y con mercenarios de los bajos fondos.

Todo este caos estaba teniendo lugar en el interior del palacio, pero no era nada comparado con lo que acontecía al otro lado de los muros, donde las revueltas se habían tornado incontrolables. Gran parte de la guardia urbana había desertado, uniéndose al pueblo en su orgía de odio y venganza. Las masas armadas se transformaron en una bestia gigante, invencible y rabiosa que destruía todo a su paso.

Tras varios días de asedio, consiguieron franquear los muros del palacio. Aquellos que todavía ofrecían resistencia fueron asesinados sin piedad, salvo el Rey, que fue capturado vivo, torturado durante horas y finalmente quemado en una gran hoguera.

Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, una pordiosera, ajena a todo lo que estaba ocurriendo, buscaba algo que llevarse a la boca entre los desechos de un inmenso vertedero. Tras unos bloques de piedra, descubrió estupefacta la presencia de un bebé de pocas semanas metido en un sucio canasto. El crío dormía plácidamente con un par de ratas acurrucadas a su lado. La mujer echó un vistazo a su alrededor y, a cierta distancia, pudo apreciar la figura de una persona que caminaba a tientas con un bastón en dirección a la ciudad, la cual ardía a lo lejos, como una bola de fuego colgada del horizonte.

La mujer sacó al niño del canasto, lo miro con ternura y dijo:

―Te llamarás Minog.


31/3/17

La sangre de cinco mil corazones rotos

A veces la soledad se me pega
como un amigo insoportable
y salgo al infierno para contemplar
las alambradas de espino,
el decadente deambular de las multitudes
y el vuelo invisible de los pájaros enjaulados.

La angustia existencial me grita al oído,
me escupe palabras tenebrosas
como el crujir de una rama
en mitad del cementerio,
me machaca con un discurso
vacío y altisonante,
pesimista y evidente,
aburrido y aterrador.

Entonces vuelvo a casa y
escribo poemas con la sangre
de cinco mil corazones rotos,
poemas que no servirán para nada,
que no harán palpitar tu pecho,
que no valdrán ni la gota de sudor
que surca mi frente.


29/3/17

Iliya y Andrei

Alguien de la agencia llamó a Ruth para que fuese a cuidar de unos niños aquella misma tarde. Se dirigió al lugar que le habían indicado y llamó al timbre de una bonita casa de dos plantas. Una señora extranjera algo acalorada abrió la puerta.

―Buenas tardes, cariño. Mucha prisa. Niños, arriba. Iliya y Andrei. Muy buenos. Vuelvo nueve y media. Coges lo que quieras de cocina.

La señora entregó a Ruth una copia de las llaves y un papel con su número de teléfono y se marchó. Ruth subió al segundo piso y buscó la habitación de los niños. Era un cuarto amplio, con una cama, una cuna y muchos juguetes.

―Hola, pequeños ―dijo―. Yo me llamo Ruth. Tú debes ser Iliya y este bebé tan guapo debe ser Andrei.

―Eso no es del todo cierto. Él sí que es Andrei, pero yo no soy Iliya. Yo soy un organismo cibernético de otro planeta. Tengo este aspecto de niña humana para no llamar la atención. Estoy aquí con el objetivo de robar niños para mis amos. Se divierten con ellos. Voy a ahorrarte el trauma de saber lo que les hacen exactamente para divertirse.

«Qué niña más loca» pensó Ruth.

―Al otro niño, el mayor, el llamado Iliya, me lo he llevado hace unos minutos, en cuanto la madre bajó las escaleras. Ahora estoy esperando a que me den la autorización para llevarme a éste a través del micro-agujero de gusano que conecta la habitación con la nave.

Ruth sonrió y dijo:

―Pequeña Iliya, tengo que ir un momentito al baño. Cuando vuelva, jugaremos a los marcianitos o a lo que tú quieras.

Cuando Ruth volvió del servicio no había nadie en la habitación. Miró bajo la cama y dentro del armario.

―Iliya, sal un momento, por favor.

Se puso a buscar por todas partes. Registró cada rincón de los baños, la cocina, el salón, las habitaciones, el desván, el sótano, el garaje…

―¡Iliya, esto no tiene gracia! ¡Voy a decírselo a tu madre! ¡Te castigará durante un mes entero!

Después de media hora, Ruth se sintió mareada. Le empezaron a temblar los labios y las manos. Presa del pánico, decidió llamar a la madre.

―Oiga, tengo un problema. No encuentro a los niños.

―¿Cómo no encuentras?

―Verá, la niña quería jugar a un juego extraño y yo…

―¿Qué niña? ¿Qué hablas?

―La niña... su hija Iliya.

―¡Yo no tengo niña, tengo dos niños! ¡Iliya es mi niño!

―¿Cómo dice?

―¡Yo llamo policía!

Ruth dejó caer el teléfono sobre el entarimado. Sintió que le faltaba el aire y se acercó a la ventana. Entonces observó un extraño destello anaranjado en el cielo y se preguntó cuántos años de su vida se iba a pasar en la cárcel.


27/3/17

No molestar

Dejadme ver más allá del tiempo y el dolor.

Dejadme sentir las lágrimas de la derrota
y la frustración de la pérdida.

Dejadme dormir.

Dejad que me refugie en la inconsciencia.

Dejad que me proteja de la vida y de los sueños,
de la mentira,
de las ganas de seguir adelante.

Dejadme en paz.

Guardaos vuestras palabras de ánimo
y vuestras frases motivadoras.

Guardad para vosotros todo ese montón de nada
si es que creéis que sirve para algo.

Dejadme.

No importunéis mi descanso.

No os creáis con derecho a quebrantar mi aislamiento.

Dejadme en paz.

No molestéis.


12/2/17

Lo mejor que he visto y leído en 2016


Por cuarta vez consecutiva estoy aquí haciendo una lista con lo mejor que he visto y leído a lo largo del año. Debo decir que este ha sido el periodo menos productivo desde que me dio la tontería de anotar las pelis que veo y los libros que leo. Quizá haya sido por dedicarle más tiempo a la universidad o porque simplemente me ha dado más pereza, pero la cosa es que han caído 49 pelis y 30 libros, cuando, por ejemplo, en 2013 fueron 133 y 60.

No me enrollo más. Aquí van las diez mejores obras de cada tipo:

Libros:



Películas:

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