28/8/14

Welcome

Habitamos las cloacas
del progreso y
sabemos que nadie
podrá escapar. Hay
sangre, sudor y
asfalto, no tenemos
tiempo para lágrimas.
Perderemos la guerra
y todas las
batallas y por
el camino cantaremos
canciones tristes. Bienvenidos
a este mundo
de dolor y
de belleza donde
mueren los sueños
y la gente.


26/8/14

Aniversario

Hoy ha sido un día cualquiera, un día
de lánguido transcurrir, uno de
esos que empiezan de noche, de
los de sumergirte de lleno en el
murmullo de las máquinas y
en la atmósfera tétrica de
los tubos fluorescentes.  Ha sido un
día de bocas pastosas, de
incontables cafés en el taller
o la oficina, un día de encender
un cigarrillo con la colilla de otro.
Ha sido un día cualquiera que
llega a su fin y Rosa y Álvaro leen
en la cama iluminados por sus
respectivas lamparitas de noche.
Después de un rato apagan la
luz, se dicen hasta mañana y cierran
los ojos. Ellos no lo saben, pero hoy han
cumplido un año sin hacer el amor.




14/8/14

Lo más jodido

Después de mucho
reflexionar he
llegado a la
conclusión de
que lo más jodido
de esta vida es
saber que sólo la
muerte puede
evitar que llegue
el día en que vuelvas
a depender de otra
persona para
tener el culo limpio.



7/8/14

Una canción sin música pensada en inglés

Puedes contarme todo lo que quieras,
estoy interesado en cualquier cosa
que tenga que ver contigo.
A veces me conformaría con que
me dedicases unos minutos.
A veces me conformaría
con saber que estás bien.

Los paseos por la playa,
las mañanas de lluvia
y todas las demás cosas
que no hemos compartido.
Todas esas cosas
que no hemos compartido.
Todas esas cosas...

La vida podría ser más bonita.
Los sueños dejarían de ser necesarios.
Las mañanas nos estallarían en las manos
y su luz lo bañaría todo.

Los paseos por la playa,
las mañanas de lluvia
y todas las demás cosas
que no hemos compartido.
Todas esas cosas
que no hemos compartido.
Todas esas cosas...




3/8/14

Dos cuentos inquietantes en una vieja libreta

Anoche no podía dormir. Para aprovechar el tiempo cogí una vieja libreta e intenté escribir algunos tweets profundos y originales. No se me ocurrió ninguno, pero ojeando esas páginas llenas de palabrejas, encontré dos extraños cuentos que debí escribir hace cuatro o cinco años y que había olvidado por completo. No son lo mejor ni lo peor que he escrito. La cuestión es que tengo que seguir publicando entradas en el blog.

Lagartos del porvenir

Miguel se puso a vaciar las bolsas de la compra sobre la mesa de la cocina y de una de ellas salió un pequeño lagarto. Era aquél un animalillo alegre y avispado y lo primero que hizo fue intentar fornicar con el salero. Estuvo un buen rato ahí, dale que te pego, hasta que se cansó. Miguel se divertía mucho con la escena. Entonces pensó que quizás el bichejo tuviera hambre. Miguel no tenía ni puta idea de lo que comen los lagartos, pero supuso que le gustaría la harina cruda (así era Miguel) por lo que extendió un puñado de harina sobre la mesa. El lagarto se volvió medio loco y empezó a rebozarse como si le fuese la vida en ello. Cuando se apartó, Miguel pudo observar unos números marcados en el polvo blanco. Sin pensarlo dos veces fue corriendo a jugar a la lotería con esos números. Se gastó todos sus ahorros y, como cabría esperar, le tocaron miles de millones, tantos que provocó la quiebra del sistema de lotería, el cual controlaba en la sombra al sistema de pensiones, que también se vino abajo, arrastrando consigo al sistema bursátil, el cual controlaba en la sombra… Y así, en una inefable concatenación de colapsos de sistemas, toda la sociedad se precipitó al vacío y los seres humanos empezaron a comerse los unos a los otros hasta llegar al borde de la extinción. Fue entonces cuando los lagartos comenzaron la invasión desde sus pequeñas naves espaciales, las cuales tenían escondidas detrás de la Luna. Robaron todos nuestros saleros y se marcharon a su planeta para siempre. Y ése, niños, es el motivo por el que los seres humanos de hoy en día cocinamos sin sal y vivimos más de mil años.


Alentar los presagios

Me desperté borracho y, bueno, sí, también bastante pasado de cocaína: dolor de mandíbula, taquicardia, ansiedad y demás efectos que ustedes conocen de sobra. Todo esto no tenía nada de particular. Lo extraño fue que llevaba una mochila puesta. Al principio no le di mucha importancia. «Vale, llevo puesta una puta mochila de Hello Kitty. Tampoco es lo más raro que me ha pasado», pensé mientras recordaba lo más raro que me había pasado. Sin embargo, unos minutos después, empecé a reflexionar, a divagar, a obsesionarme con el tema. ¿Debería quitármela? ¿O debería quizás seguir con ella puesta hasta el día de mi muerte, ese día en que encontrarían mi cadáver parcialmente devorado por plantas carnívoras, tal como dijeron en el telediario del futuro? ¿Quién era yo para quitármela? Si alguien la había puesto ahí, seguramente habría un motivo de peso. ¿Y si de ello dependiese el destino de la humanidad? Al final, opté por dejarla donde estaba y con los años se acabó fusionando con mi cuerpo y los niños del barrio empezaron a llamarme ‘El Viejo Jorobas’ y a tirarme piedras al pasar por mi lado. Y nada, un buen día, la policía encontró mi cadáver parcialmente devorado por plantas carnívoras. La humanidad sigue existiendo y cada año las cosas van mejor. No puedo evitar pensar que todo se debe a que decidí no quitarme aquella jodida mochila. 


1/8/14

Productividad, higiene y filosofía barata

Estoy en el trabajo.
Una mosca se posa sobre
la pantalla del ordenador.
Se frota las patas delanteras.
Se frota las patas traseras y las alas.
Parece una mosca muy limpia.
Sobrevuela unos segundos
la pantalla y vuelve a posarse.
Ahora no hace nada.
Sigue sin hacer nada.
Decido escribir sobre ello.
La mosca nunca lo sabrá.



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