28/6/13

Drillers

Las cosas han cambiado radicalmente desde que aparecieron esos bichos de mierda. Drillers, así los llamamos. Cada día te despiertas pensando en que puede ser la última vez que lo hagas; de hecho, tienes muchas posibilidades de que así sea.

Es imposible saber cuánta gente queda ya en el mundo, aunque basta con asomarse a la ventana para caer de lleno en el pesimismo más desolador. Si lo que pretendes es conocer algún tipo de estadística oficial, es mejor que lo olvides. No puedes enterarte de nada a través de los medios de comunicación porque ya no existen. Nadie trabaja, no hay ningún tipo de organización social, no hay electricidad, no hay transporte… estás solo en medio de las ruinas.

Una de las pocas cosas de valor que me quedan es esta vieja máquina de escribir. La encontré el otro día, buscando latas de comida en casa de unos vecinos que abandonaron la ciudad. Es una Olivetti antigua y muy bonita; la tenían muy bien cuidada. Creo que podré pasar buenos ratos golpeando sus teclas, tal y como estoy haciendo en este mismo instante. ¿Sobre qué podría escribir, dadas mis circunstancias? Supongo que la opción más sencilla es seguir hablando de los drillers.

Me da rabia no saber qué ocurrió exactamente. Se estuvo hablando bastante del supuesto ataque a un laboratorio por parte del grupo terrorista ‘Hijos de Abraham’. Pero también se barajaron otras hipótesis sin que ninguna llegase a ser demostrada. Tampoco dio tiempo a investigar mucho. La gente empezó a aparecer muerta, del mismo modo, al mismo tiempo, por todos los puntos del planeta. Enseguida cundió el pánico y el caos dominó nuestras vidas.

No sabemos casi nada de ellos: ni cuántos son (si es que hay más de uno), ni cómo se reproducen (si es que lo hacen), ni cuál es su punto débil (si es que lo tienen). Lo que sí  sabemos de ellos es que te agujerean el cráneo y se beben tu cerebro. Como además pueden teletransportarse, en cualquier momenrñklm




22/6/13

Himen y testigo


Los hechos ocurrieron en la fiesta de disfraces que organizaron Brian y Nancy con motivo de su compromiso matrimonial. Aquello era una jodida locura. En su pequeño apartamento se había congregado más gente que en la guerra. Y había droga y alcohol a raudales, ya lo creo que sí. Con esto no pretendo justificar mi infame comportamiento, Dios me libre de ello. Mi intención es tan sólo dar unas pinceladas descriptivas para poner en situación a los lectores.
   Debo decir, sin que esto pretenda tampoco en modo alguno expiar mi culpa, que todo el que conoce a Nancy sabe lo increíblemente buena que está. Aquella noche ella decidió disfrazarse de puta, o de actriz porno, o sabe Dios de qué, al final nunca llegué a saberlo. La cuestión es que iba medio desnuda, paseando sus encantos por la fiesta, con su desbordante dulzura y su adorable sonrisa, preguntando a todo el mundo si se estaba divirtiendo. ¡Madre del amor hermoso!

20/6/13

No voy a hablarte de eso


Patrick acababa de salir de la ducha cuando sonó su móvil. Se puso una toalla en la cintura y fue a su habitación a atender la llamada. Era Cathy.
―Hola, querido.
―Hola.
―Josh se ha ido con un amigo todo el fin de semana.
―¿A dónde?
―De pesca, al otro lado de las colinas. ¿Quieres venirte a casa?
―Prefiero que vengas tú aquí.
―No va a volver, está a más de cincuenta millas.
―No me gusta ir a tu casa.
―Mira, estoy en el trabajo y salgo en una hora. Voy a tu casa directamente, ¿vale?
―Trae cerveza, por favor.
―Muy bien, nos vemos luego.
Patrick miró el reloj. Eran las ocho y media de la tarde. Afuera los tonos anaranjados del cielo auguraban la pronta llegada de la noche. Se puso un pantalón corto, cogió una lata de cerveza y el paquete de tabaco y salió al porche a sentarse. La temperatura era muy agradable. De lejos llegaba el murmullo de la autopista, el cual, lejos de molestarle, provocaba en Patrick un efecto sedante. Encendió un cigarrillo, tomó un buen trago de cerveza y se recostó plácidamente sobre una tumbona.

13/6/13

Falta una explicación

Me gusta mirarme los músculos. Son enormes y poderosos, densos y definidos. Es como si alguien me hubiese cincelado a partir de un bloque de carne humana.

Los tipos del laboratorio me explicaron que mi aspecto físico se debe a la desactivación del gen que controla la miostatina. Esta proteína limita el crecimiento muscular. Como mi cuerpo casi no la genera, mi musculatura se desarrolla más de lo normal sin apenas esfuerzo.

Todo eso es muy interesante, pero la próxima vez que los vea voy a pedirles que me expliquen lo que hicieron con mi cerebro. Creo que soy demasiado inteligente para ser un bebé de ocho meses.



6/6/13

Que viene el coco

—¡Niño, vete a dormir ya, coño, que al final vendrá el coco! 
  En estos términos solía dirigirse a mí mi pobre abuelita cuando era pequeño. Algo totalmente comprensible, pues yo era un pieza de mucho cuidado. 
   —¡Ja, ja, ja! Yo no tengo miedo a ese coco de mierda— le respondía yo a grito pelado y salía corriendo por los pasillos. 
   En mi mente infantil se dibujaba una playa tropical y sobre la arena se veía un hermoso coco partido por la mitad, con su pulpa blanca brillando al sol y su corteza llena de pelos. “La abuela es tonta” pensaba yo. “¿Qué me va a hacer a mí un coco?”
   Una noche llamaron a mi armario. Con la chulería que me caracterizaba me acerqué y pregunté que quién era. “Soy el coco” dijo una voz. Abrí la puerta y allí estaba ese viejo asqueroso con la cara mugrienta y un saco en una mano. 
   —Buenas noches. Venía a llevarte conmigo. Por favor, entra en el saco, hagámoslo fácil. 
   Mediante una serie de peripecias que ahora no vienen al caso, conseguí salvar mi pellejo. 
  Aquella noche aprendí una lección muy importante. Una lección de gramática. Que existen las palabras homónimas. 


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