9/12/13

Las mejores obras de los ganadores del Nobel de Literatura



El Nobel de Literatura es un premio muy criticado por sus inexplicables ausencias. Muchos no entienden que el galardón no fuese entregado a autores como Kafka, Borges, Cortázar o Tolstoi. Y aunque probablemente lleven razón, estoy seguro de que las obras de todos los laureados tienen suficiente calidad como para que, como mínimo, nos aporten algo.

Así pues, aquí va esta lista con los ganadores del Nobel de Literatura junto a una de sus obras más famosas.

Siglo XXI
  • 2017: Kazuo Ishiguro: Nunca me abandones.
  • 2016: Bob Dylan: Letras completas.
  • 2015: Svetlana Aleksiévich: Voces de Chernóbil.
  • 2014: Patrick Modiano: Calle de las tiendas oscuras.
  • 2013. Alice Munro. Escapada. 
  • 2012. Mo Yan. Sorgo Rojo.
  • 2011. Tomas Tranströmer. El cielo a medio hacer.
  • 2010. Mario Vargas Llosa. La ciudad y los perros.
  • 2009. Herta Müller. Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma.
  • 2008. Jean-Marie Gustave Le Clézio. Desierto. 
  • 2007. Doris Lessing. El cuaderno dorado. 
  • 2006. Orhan Pamuk. El museo de la inocencia. 
  • 2005. Harold Pinter. Los enanos. 
  • 2004. Elfriede Jelinek. La pianista.
  • 2003. J. M. Coetzee. Desgracia. 
  • 2002. Imre Kertész. Sin destino. 
  • 2001. V. S. Naipaul. Una casa para Mr. Biswas.
  • 2000. Gao Xingjian. La montaña del alma.

27/11/13

Los 100 mejores libros de divulgación científica


[ACTUALIZACIÓN 2015: Acabo de publicar en Amazon un eBook de ciencia-ficción y creo que los libros de esta lista me han venido muy bien para adquirir una cierta cultura científica con la que dar verosimilitud a mis historias. Si quieres echarle un ojo, puedes descargarlo por 0,99 euros en http://bit.ly/retazosdepasadomañana.]

Para ser un buen escritor de ciencia-ficción no es imprescindible ser científico (aunque puede ayudar bastante), pero es necesario tener conocimientos básicos sobre ciencia, tanto para crear una ciencia-ficción "creíble" como para tener ideas sobre las que escribir.

Una alternativa sencilla y amena a sacarte una carrera es leer con frecuencia libros de divulgación científica, es decir, libros que tratan temas en torno a la ciencia de un modo accesible para el gran público.

Estuve buscando un Top-100 de este tipo de libros, pero al no encontrarlo, decidí elaborar uno. Algunos de los libros de la lista los he leído y otros los he ido buscando en otras listas y artículos. Este es el resultado. Como siempre, espero que os resulte útil.

26/11/13

Tres microrrelatos en dos libros

Este ha sido el año de mi resurgir literario. Con no poco esfuerzo he conseguido mejorar muchísimo, lo cual tampoco es extremadamente meritorio ya que antes del parón lo hacía fatal (no, no es falsa modestia, lo hacía muy mal). A pesar de ello, con el paso de los meses me he ido sintiendo algo frustrado, pues he estado participando en numerosos concursos con textos que, creo, gozaban de una cierta calidad, y no he conseguido comerme ni los mocos. Quizá no eran tan buenos como yo pensaba, quizá tuve un pelín de mala suerte. La cuestión es que finalmente he podido recolectar un poco de éxito con el que dar de comer a mi hambriento orgullo.

Por un lado, la editorial ACEN seleccionó mi microrrelato "Mil años" para aparecer en el libro con fines solidarios "Bocados sabrosos III", formado por unos 450 textos de los aproximadamente 1000 que participaron.

Por otro, la editorial ArtGerust seleccionó mis textos "Preludio" y "El Viru" para ser incluidos en el libro "Realismo Sucio. Homenaje a Bukowski" en el cual se incluirán 150 micros de los 734 que participaron.

Estoy muy contento porque hoy en día es difícil que alguien publique algo tuyo en papel, pero sobretodo porque esto ha sido un buen chute de ánimo para seguir escribiendo y ya noto unas cuantas ideas burbujeando en mi cerebro.


16/10/13

Tristeza

La vida se había convertido en algo muy similar a la muerte. Todo era silencio y penumbra, monotonía y quietud. La desgarradora tristeza, sin llegar nunca a desaparecer del todo, se había ido calmando poco a poco, como una bestia salvaje que se refugia para hibernar en lo más profundo de una oscura cueva. Otras sensaciones habían aflorado en su lugar: la apatía, el vacío, la desesperanza…

Sentada en el sofá, junto al ventanal, dejaba transcurrir las horas sin hacer nada  salvo respirar. Una densa bruma se había elevado en torno a sus recuerdos; un mecanismo de defensa contra la realidad. Tanto tiempo sin pensar, con la mente vacía, sin revivir los hechos, sin derramar más lágrimas…

Y, entonces, algo captó la atención de sus ojos. Allí, sobre el cristal, estampada en el frío vidrio, la huella de unas manos infantiles, una marca que nadie había visto, o que nadie se había preocupado por limpiar.

En su interior, la tristeza abandonó su letargo, tan salvaje y desgarradora como el día en que murió su pequeño.

7/8/13

Retazos de pasado mañana



Nota


Esta es una pequeña parte de mi primer eBook, RETAZOS DE PASADO MAÑANA: 99 nanorrelatos de ciencia-ficción. Puedes descargarlo por 0,99 euros en http://bit.ly/retazosdepasadomañana



2/8/13

Envidia

Siento envidia
de esa parte
de tus bragas;
de ese refuerzo
blanco y delicado;
de ese trocito de tela
donde desemboca
tu interior.

Siento envidia
porque se pasa
todo el día
pegado a tu coño.





10/7/13

Jacy Bragasflojas

Oh, Jacy,
Jacy Bragasflojas,
con tu uniforme del trabajo,
blanco, apretado,
marcando el contorno de
tus maravillosas tetas.

Oh, Jacy,
Jacy Bragasflojas,
con tu gorrito de papel
sobre tu melena rubia
(que una vez alcancé a oler
por los pasillos del instituto).

Oh, mi adorable Jacy,
la más bonita del barrio,
atendiendo a los clientes
en la heladería de tu padre
mientras te observo
desde la ventana
del baño de mi casa
y me pajeo
mirando tus tetas y
tu pecosa
cara de princesa.

Jacy, amor mío,
únicamente follas con los chicos
mayores del barrio
(como Kuczynski el tuerto
y su pandilla de gilipollas).
A mí me miras con desprecio
sólo porque soy
tres años menor que tú.

Pero… ¿Sabes qué, amor mío?
Pronto empezaré a trabajar
para el señor Caruso.
Moveré su caballo entre los yonkis
del otro lado del río
y ganaré dinero, seré respetado
y me haré un nombre en el barrio.
Vestiré con estilo
y tú me verás con otros ojos
y una noche alquilaré una habitación
en el viejo motel
y por fin te follaré
y la luz de la luna
entrará por la ventana
iluminando nuestros cuerpos desnudos
y sudorosos.



28/6/13

Drillers

Las cosas han cambiado radicalmente desde que aparecieron esos bichos de mierda. Drillers, así los llamamos. Cada día te despiertas pensando en que puede ser la última vez que lo hagas; de hecho, tienes muchas posibilidades de que así sea.

Es imposible saber cuánta gente queda ya en el mundo, aunque basta con asomarse a la ventana para caer de lleno en el pesimismo más desolador. Si lo que pretendes es conocer algún tipo de estadística oficial, es mejor que lo olvides. No puedes enterarte de nada a través de los medios de comunicación porque ya no existen. Nadie trabaja, no hay ningún tipo de organización social, no hay electricidad, no hay transporte… estás solo en medio de las ruinas.

Una de las pocas cosas de valor que me quedan es esta vieja máquina de escribir. La encontré el otro día, buscando latas de comida en casa de unos vecinos que abandonaron la ciudad. Es una Olivetti antigua y muy bonita; la tenían muy bien cuidada. Creo que podré pasar buenos ratos golpeando sus teclas, tal y como estoy haciendo en este mismo instante. ¿Sobre qué podría escribir, dadas mis circunstancias? Supongo que la opción más sencilla es seguir hablando de los drillers.

Me da rabia no saber qué ocurrió exactamente. Se estuvo hablando bastante del supuesto ataque a un laboratorio por parte del grupo terrorista ‘Hijos de Abraham’. Pero también se barajaron otras hipótesis sin que ninguna llegase a ser demostrada. Tampoco dio tiempo a investigar mucho. La gente empezó a aparecer muerta, del mismo modo, al mismo tiempo, por todos los puntos del planeta. Enseguida cundió el pánico y el caos dominó nuestras vidas.

No sabemos casi nada de ellos: ni cuántos son (si es que hay más de uno), ni cómo se reproducen (si es que lo hacen), ni cuál es su punto débil (si es que lo tienen). Lo que sí  sabemos de ellos es que te agujerean el cráneo y se beben tu cerebro. Como además pueden teletransportarse, en cualquier momenrñklm




22/6/13

Himen y testigo


Los hechos ocurrieron en la fiesta de disfraces que organizaron Brian y Nancy con motivo de su compromiso matrimonial. Aquello era una jodida locura. En su pequeño apartamento se había congregado más gente que en la guerra. Y había droga y alcohol a raudales, ya lo creo que sí. Con esto no pretendo justificar mi infame comportamiento, Dios me libre de ello. Mi intención es tan sólo dar unas pinceladas descriptivas para poner en situación a los lectores.
   Debo decir, sin que esto pretenda tampoco en modo alguno expiar mi culpa, que todo el que conoce a Nancy sabe lo increíblemente buena que está. Aquella noche ella decidió disfrazarse de puta, o de actriz porno, o sabe Dios de qué, al final nunca llegué a saberlo. La cuestión es que iba medio desnuda, paseando sus encantos por la fiesta, con su desbordante dulzura y su adorable sonrisa, preguntando a todo el mundo si se estaba divirtiendo. ¡Madre del amor hermoso!

20/6/13

No voy a hablarte de eso


Patrick acababa de salir de la ducha cuando sonó su móvil. Se puso una toalla en la cintura y fue a su habitación a atender la llamada. Era Cathy.
―Hola, querido.
―Hola.
―Josh se ha ido con un amigo todo el fin de semana.
―¿A dónde?
―De pesca, al otro lado de las colinas. ¿Quieres venirte a casa?
―Prefiero que vengas tú aquí.
―No va a volver, está a más de cincuenta millas.
―No me gusta ir a tu casa.
―Mira, estoy en el trabajo y salgo en una hora. Voy a tu casa directamente, ¿vale?
―Trae cerveza, por favor.
―Muy bien, nos vemos luego.
Patrick miró el reloj. Eran las ocho y media de la tarde. Afuera los tonos anaranjados del cielo auguraban la pronta llegada de la noche. Se puso un pantalón corto, cogió una lata de cerveza y el paquete de tabaco y salió al porche a sentarse. La temperatura era muy agradable. De lejos llegaba el murmullo de la autopista, el cual, lejos de molestarle, provocaba en Patrick un efecto sedante. Encendió un cigarrillo, tomó un buen trago de cerveza y se recostó plácidamente sobre una tumbona.

13/6/13

Falta una explicación

Me gusta mirarme los músculos. Son enormes y poderosos, densos y definidos. Es como si alguien me hubiese cincelado a partir de un bloque de carne humana.

Los tipos del laboratorio me explicaron que mi aspecto físico se debe a la desactivación del gen que controla la miostatina. Esta proteína limita el crecimiento muscular. Como mi cuerpo casi no la genera, mi musculatura se desarrolla más de lo normal sin apenas esfuerzo.

Todo eso es muy interesante, pero la próxima vez que los vea voy a pedirles que me expliquen lo que hicieron con mi cerebro. Creo que soy demasiado inteligente para ser un bebé de ocho meses.



6/6/13

Que viene el coco

—¡Niño, vete a dormir ya, coño, que al final vendrá el coco! 
  En estos términos solía dirigirse a mí mi pobre abuelita cuando era pequeño. Algo totalmente comprensible, pues yo era un pieza de mucho cuidado. 
   —¡Ja, ja, ja! Yo no tengo miedo a ese coco de mierda— le respondía yo a grito pelado y salía corriendo por los pasillos. 
   En mi mente infantil se dibujaba una playa tropical y sobre la arena se veía un hermoso coco partido por la mitad, con su pulpa blanca brillando al sol y su corteza llena de pelos. “La abuela es tonta” pensaba yo. “¿Qué me va a hacer a mí un coco?”
   Una noche llamaron a mi armario. Con la chulería que me caracterizaba me acerqué y pregunté que quién era. “Soy el coco” dijo una voz. Abrí la puerta y allí estaba ese viejo asqueroso con la cara mugrienta y un saco en una mano. 
   —Buenas noches. Venía a llevarte conmigo. Por favor, entra en el saco, hagámoslo fácil. 
   Mediante una serie de peripecias que ahora no vienen al caso, conseguí salvar mi pellejo. 
  Aquella noche aprendí una lección muy importante. Una lección de gramática. Que existen las palabras homónimas. 


28/5/13

Pollitos

Foto de Willrad von Doomenstein

Básicamente coges a los pollitos, les echas un vistazo y los tiras donde corresponda. En eso consiste el trabajo. De nueve a cinco, con una hora de descanso para comer y quizás alguna escapada furtiva para fumar un pitillo. El tiempo pasa muy despacio y te aburres como una seta. Te acaba doliendo la espalda al final del día y mientras vuelves a casa tienes la cabeza embotada y estás como mareado.     
Uno no se imagina que acabará trabajando como sexador de pollos, pero la vida no siempre te permite elegir el camino que quieres. Así que un día, casi sin saber cómo, te ves con una bata blanca, en medio de una enorme fábrica y escuchando a un cincuentón de mirada lánguida que te explica las particularidades de este insólito oficio surgido en el Japón de los años veinte.  
Uno de los principales métodos que se utilizan para sexar a los pollitos es el de la cloaca, mediante el cual hurgas en el ano de los animales en busca de unas protuberancias o de la ausencia de las mismas. Afortunadamente yo fui instruido en el método de sexaje por dimorfismo sexual; distingues a machos y hembras fijándote en las plumas del ala.
Los pollitos vienen al mundo destruyendo su cascarón a picotazos y pronto descubren que no han ido a parar a un lugar muy agradable. Estarán relativamente tranquilos unas cuatro horas, hasta que se haya secado el líquido amniótico de sus plumas. A partir de ahí... en fin, se puede decir que no les esperan muy buenos momentos. 
¿Sabéis que existen diferentes razas de gallinas y pollos? A lo largo de décadas de selección genética se consiguió que unas razas fueran más rentables para la producción de huevos y otras para la producción de carne. Probablemente no lo sabíais, pero es normal. No hay por qué saber este tipo de cosas. Uno simplemente se come los huevos o se come el pollo y no se para a pensar de dónde vienen. 
De este hecho emana la importancia del sexado en la sociedad industrial en la que vivimos. Y es que, como es normal, la mitad de los pollitos son hembras y la otra mitad machos. En mi empresa interesan las hembras porque manejamos una raza ponedora. Los machos no valen para nada ya que ni ponen huevos ni engordan de un modo eficiente para producir carne. Bueno, sí que valen para algo. Valen para caer en una cinta transportadora que termina en una máquina que los tritura vivos. Allí se transforman en una pasta sanguinolenta que sirve para hacer abono. 
Si os preguntáis por el destino de las hembras... la verdad es que no sabría deciros si es mejor o peor. Nosotros las metemos en cajas y son vendidas a granjas de cría intensiva. Allí viven unos meses hacinadas en pequeñas jaulas hasta que su producción de huevos deja de ser rentable. Entonces se las envía al matadero. Yo antes no sabía nada de esto. Empecé a informarme hace poco y me quedé bastante impactado. 
Un día pensé en el hecho de que los pollitos son bebés. Quiero decir, es algo que ya sabía, pero aquel día me detuve a reflexionar sobre ello. Y mientras divagaba me empecé a imaginar una enorme cinta transportadora llena de críos llorando, hacinados, muertos de miedo, y unas grotescas manos levantándolos por el aire y lanzándolos a una trituradora. Y pensé en el desagradable sonido de los huesos quebrándose y en la sangre fluyendo a litros y en los alaridos de dolor apagándose... y aquella noche no pude dormir.  
Ayer había terminado mi turno y me disponía a marcharme a casa cuando vi un pollito en el suelo. Debió caerse de las cintas transportadoras, es algo muy habitual. Se le veía abatido, como si estuviera triste... no sé cómo explicarlo, casi no se movía. Daba mucha pena verlo ahí solo en medio de la gigantesca fábrica. Lo cogí y empezó a piar, aunque seguía muy quieto. Estuve observándolo un rato en mi mano. Todos los pollitos son suaves, pero mientras trabajas no te paras a fijarte en esas cosas. En ese momento sí que me fijé. Estuve acariciándolo con los dedos, notando la suavidad de su plumón y me pareció el ser más frágil e indefenso del mundo. Examiné su ala, me acerqué a la cinta y lo arrojé donde correspondía. 
Era un macho. 
Al salir a la calle empecé a encontrarme mal. Decidí ir andando a casa para tomar el aire a pesar de la larga distancia. Por el camino se me fue haciendo de noche al tiempo que una especie de sentimiento de culpa se iba apoderando de mí. Las estrellas salpicaron el cielo y poco después llegué a casa, arrastrando los pies y sufriendo una angustiosa opresión en el pecho. Cuando me desplomé sobre la cama me sentía totalmente desolado pero me reconfortó un poco el haber tomado la firme decisión de buscar otro trabajo. 





21/5/13

Bocadillo de aire comprimido en Fa semitendinoso


Los tentáculos retráctiles del ascensor
rezuman una niebla
esponjosa y cuneiforme. Varias
ecuaciones totalitarias anacronizan su
interior, estigmatizando
plomo
por
las pesadillas.

Resquebrajantes insolvencias mendigan
un remilgo en sepia taciturno
a pesar del frío añejo
e historiador
de
las entretelas errantes.

A día de hoy
las baldías introspecciones
acostumbran a desarmar
ficciones de mermelada.

Este ambiente centrípeto
facilita
que un noble amanecer, el
último tormento de la guerra
ignífuga
se enamore,
extraterrestremente,
de
sus
propios
designios.

14/5/13

Desechos humanos

Rob 'el sifilítico' subió cojeando a lo alto de un promontorio de basura cercano a su chabola. Con el gesto altivo de un viejo general, echó un vistazo a la abrupta extensión del vertedero, que llegaba casi hasta el horizonte desde el sur al noroeste. A su espalda, a unos diez kilómetros, se levantaba la ruinosa ciudad de Oprobium, desde donde llegaba el inconfundible sonido de una cruenta batalla. Justo encima de la urbe, una tormenta química teñía el cielo nocturno de púrpura con cada relámpago y empujaba hacia el vertedero un viento corrosivo que se combinaba con el tóxico hedor de los residuos, generando un ambiente inmundo y peligroso para la vida.

Rob, ajeno a la guerra, a la tormenta y a todo lo que aconteciera más allá de sus dominios, cayó en la cuenta de que los muchachos estaban tardando mucho en volver de la excursión a Los Barrios. Esperaba que no hubieran tenido problemas con la policía o con alguna banda rival. Él ya no podía acompañarles debido a su mal estado, pero los muchachos le profesaban admiración y respeto y nunca permitirían que le faltase de nada.

Miró al suelo y descubrió un trozo de rata muerta. «Hoy va a ser un buen día, lo presiento», pensó mientras roía los pequeños huesos. Lo hizo con tanta ansia que se le desprendió un diente. Se lo sacó de la boca y lo observó con resignación. Era un canino amarillento manchado de sangre y trocitos de carne de rata. «Joder, ya casi no me quedan», pensó.

En esas estaba cuando escuchó el claxon del viejo Land Cruiser de la pandilla. Tiró al suelo el diente y los huesecillos y bajó lo más rápido que pudo a reunirse con los muchachos, que acababan de aparcar en una especie de rotonda.

—¡Rob! ¡Eh, Rob! —gritó Jean Luc 'el tísico' bajándose del coche al tiempo que lo hacían Tomás 'el leproso' y Juan  'la plaga'— ¡Chico, traemos una sorpresa!— y siguió tocando el claxon sin parar para que todo el mundo se acercase.

Poco a poco se fue formando un círculo de individuos con las caras expectantes, mugrientos, famélicos, vestidos con harapos y portando rudimentarias armas en sus cinturones, como palos, tirachinas y cuchillos.

Tomás y Juan se dirigieron a la parte de atrás del coche y abrieron el maletero. Del interior sacaron a un joven de aspecto inerme y lo arrojaron al suelo. Tendría unos veinticinco años. Maniatado, lleno moratones, llevando por única vestimenta una camiseta que no alcanzaba a cubrir sus genitales, gritaba todo el tiempo cosas como:

—¡Por favor, no me hagan daño! ¿Y los Derechos Humanos, eh? ¿Qué pasa con los Derechos Humanos?

Rob se acercó hasta él y le dio un bofetón que lo hizo callar.

—Eso aquí no existe, pequeño —dijo—. Aquí no hay Derechos Humanos. Aquí en todo caso hay… ¡Desechos humanos! ¡Ja, ja, ja!

Y todos los demás empezaron a reír y a gritar como enfermos mentales.



Reseña de Homo Plus. Frederick Pohl. 1976


Hace poco terminé de leer Homo Plus, novela con la que Frederick Pohl ganó el premio Nébula en 1976. La historia es divertida y original y tiene un final impactante e inesperado por partida doble. Sus personajes son reales, muy humanos y sus diálogos totalmente verosímiles. Es una obra absolutamente recomendable.
Roger Torraway es un afamado astronauta que vive una existencia perfecta junto a su mujer hasta que se ve obligado a convertirse en el eje central del Proyecto Homo Plus, cuyo objetivo es salvar a la humanidad por medio de la colonización de Marte. Así pues el protagonista es convertido en una especie de grotesco superhéroe, en parte humano en parte máquina, que viajará al planeta rojo para establecer una colonia que asegure la supervivencia del ser humano.
Frederick Pohl es uno de los mejores escritores de ciencia ficción de todos los tiempos y lo ha demostrado con obras como Pórtico, Mercaderes del Espacio o ésta de la que estoy escribiendo la primera reseña de mi vida. Sus obras siempre están cargadas de humor, de ironía y de crítica social y política y todo ello con una considerable corrección científica, o al menos lo bastante buena como para parecer creíble.
Como pequeña pega, por poner alguna a esta obra genial, resulta gracioso ver situaciones ambientadas en el futuro en las que no se consigue localizar a un personaje desaparecido ya que no existen los teléfonos móviles, pero la ciencia es tan avanzada como para convertir a una persona en un ser que se desenvuelve ágilmente sobre la superficie de Marte sin ayuda de traje espacial. Pero claro, es muy fácil criticar estos detalles con la perspectiva que ofrecen 37 años de avance tecnológico. 

Portada de la edición española, fea dónde las haya

7/5/13

Esto tampoco

Aquella mañana empecé a ver las cosas de otro modo. No me refiero a cosas como el sentido de la vida o la búsqueda de la felicidad. Tampoco a los sueños, las esperanzas, el amor, la moral, la espiritualidad... no, nada de eso. Me refiero a cosas como los pies. Aquella mañana me fijé en mis pies y no me parecieron normales ¿Por qué tenían que ser así, alargados, huesudos, llenos de dedos de diferentes tamaños...? ¿No sería mejor que estuvieran más centrados y dispusiesen de unas protuberancias a ambos lados de los tobillos? Sé que no es fácil de entender, pero no consigo explicarme mejor.

Con el paso de los días, cada vez más cosas empezaron a resultarme extrañas. Me veía a mí mismo como un gran saco relleno de órganos sanguinolentos y gelatinosos: los pulmones, el corazón, la vesícula... ah, sí, y no nos olvidemos de ese montón de metros de tubo enmarañado por dónde circulan excrementos y que llamamos intestinos ¿Qué diablos era todo eso?

Dormir, comer, ir... en fin, ir al baño, son cosas que hago porque de ello depende mi vida, pero cada vez las comprendo menos. Es decir, entiendo cuál es la función de cada uno de estos actos, pero me siento extraño llevándolos a cabo. En cierto modo me siento... ridículo.

He empezado a bajar a la calle por las noches. Camino hasta un parque, enciendo un cigarrillo y me pongo a contemplar el cielo. Mis ojos se quedan clavados en un punto concreto del firmamento, en una zona en la que no parece haber nada más que un oscuro vacío; y es entonces cuando dejo de sentirme extraño. Sé que parece una tontería, pero algo me dice que mi lugar se encuentra allí.

Después de un rato doy una última calada, lanzo la colilla y observo cómo el humo se va deshilachando en el aire hasta desaparecer... Creo que voy a dejar el tabaco. Esto tampoco me parece normal.

5/5/13

Siete trucos con los que obtener ideas para escribir

Quedarse sin ideas es una mierda. La recomendación habitual es ponerse a escribir sobre cualquier cosa mientras llega la inspiración. El problema es que a veces no te apetece llenar el folio contando cómo es tu cuarto o qué hiciste la semana pasada. Quieres escribir algo bueno, algo que merezca la pena. También puede sucederte que tengas una historia interesante entre manos pero que no sepas cómo seguir, que necesites un giro, un nuevo personaje, o simplemente un buen final.

Aquí tienes unos cuantos trucos que a mí me han servido para salir del paso en estas situaciones. Espero que tú también los encuentres útiles. 


30/4/13

Mi antigua e infructuosa obsesión ha vuelto

Hace más de tres años que no publico nada por aquí. Este larguísimo paréntesis se debe a que mi obsesión por ser escritor se fue desvaneciendo lentamente hasta convertirse en un simple recuerdo sin importancia. Curiosamente este proceso se desarrolló de forma paralela a otro por el cual empecé a disfrutar de una cada vez mejor y más emocionante racha de copulaciones. Creo que es incluso más curioso que según esa racha fue empeorando -todo lo bueno se acaba- empezó a germinar de nuevo en mi cabeza mi antigua e infructuosa obsesión por escribir.
   Ahora, mirando mis viejos textos con la perspectiva de ser un poco más mayor y haber leído un buen puñado de libros de auténticos héroes de las letras, como J.M Coetzee o Ian McEwan, puedo decir que casi todo lo que publiqué en este blog es auténtica basura y que comprendo que no consiguiese gran cosa por muchos relatos que enviase a concursos literarios. Aun así he decidido no reescribirlos, dejarlos tal cual los colgué y simplemente renovar un poco el aspecto del blog y coger fuerzas para ir subiendo cosas que merezcan algo más la pena. 


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