10/2/18

Lo mejor que he visto y leído en 2017



Vamos con la quinta entrega de esta insólita saga. En 2017 he leído 38 libros y visto nada más que 18 películas. Parece que mi interés por el séptimo arte se va yendo al garete año tras año, lo cual tampoco ha dado lugar a un enorme incremento en el número de libros leídos. Tampoco estoy escribiendo nada de ficción, pero redacto unos trabajos para la Santa Universidad en los que saco más dieces y nueves que en toda mi adolescencia. El Cervantes está en camino. 

PD: En 2017 desbloqueé el logro LEER ULISES DE JOYCE.


Libros:



Películas:


31/12/17

El cuento del tatarabuelo

―Abuelo, abuelito querido, cuéntanos un cuento ―dijo uno de aquellos niños horribles.

―¡Sí! ¡Cuento! ¡Cuento! ¡Abuelo! ¡Síííííííí! ―vociferaron los demás.

―¡Dejadme en paz, criaturas infernales! ―grité yo―. Id a jugar con la Play Station Apocalipsis VIII.

―No, no, abuelo, por favor, queremos un cuento.

―Pero, ¿qué coño os pasa a los niños de hoy? Nadie os manda deberes y tenéis a vuestra disposición toneladas de maravillosa tecnología, pero lo único que queréis es hacer el idiota. Yo a vuestra edad no me despegaba de la consola hasta que mi padre me soltaba un galletón.

―Abuelo, la tecnología es una mierda, nosotros queremos cuentos, salir al campo a explorar o convencer a alguna chica para que nos haga una paja en la cabaña de madera.

Todos empezaron a partirse de risa.

―A ver, eso último está bien, eh… ¿cómo te llamabas?

―Abuelo, me llamo Fernando, me lo pusiste tú, por un futbolista. Por Fernando Hierro.

―Ah, sí, ja, ja, ja, Dios, fue por tus orejas, es cierto. Bueno, perdonadme, consumí muchas drogas a vuestra edad y me han acabado pasando factura.

―Nosotros también nos metemos yeyo y heroína, eme, porros, anfetas... hoy en día no pasa nada, los ciborgs te reparan los daños neuronales por cinco pavos.

―Ah, vaya. Entonces, por lo que veo, la tecnología es una mierda salvo cuando nos viene bien; en esos casos, mola mazo, ¿no, cabrones?

―Abuelo, ya no se dice “mola mazo” ni “cabrón”. Ahora decimos que algo “peta entrañas” y en vez de cabrón decimos “ascoputa” o “coprófago”.

―Bueno, ¿y qué pretendes? Sufro un desfase de cuatro siglos. No puedo controlar toda vuestra jerga de niños del futuro.

Así continuamos durante un buen rato. Mis tataranietos pueden ser realmente pesados, aunque no son malos críos; es decir, creo que no han asesinado a nadie, todavía. Pero son muchos, unos veinticinco por cada línea sucesoria. Y cuando se ponen tocapelotas... ¡es que no hay quien se los quite de encima! Al final, llegué a un pacto con ellos. Les contaría un cuento si me traían tabaco y me pasaban el contacto de alguna de esas prostitutas robóticas. Así lo hicimos.

―Bien, esta historia se contaba en mis tiempos y nadie sabe si es verdad o mentira o si es ambas cosas a partes iguales.

―Abuelo ―me interrumpió una cría, creo que se llama Amavisca.

―¿Qué quieres?

―En este cuento… ¿sale folleteo? ―dijo mientras introducía su dedo índice izquierdo en un círculo formado por sus dedos índice y pulgar derechos.

―No, no. En esta ocasión no hay folleteo, pero hay drogas y muerte.

―¡Bieeeeeeeeen! ―gritaron todos.

―¡¡Shhhhh!! Silencio, que voy a empezar: Gustavo estaba en la cocina poniendo un poco de agua en el fuego porque prefería enfrentarse a los problemas con una buena taza de té caliente entre las manos. Y Gustavo tenía que enfrentarse a un gran problema, al problema más descomunal al que nadie se haya visto obligado a hacer frente en toda la historia de la vieja civilización humana. Así pues, cuando el té estuvo listo, Gustavo regresó al salón, se sentó en una silla, dio un cauteloso sorbo a su bebida y clavó la mirada en el extraterrestre.

“Bien, a ver si me aclaro”, dijo el bueno de Gus. “Eres un funcionario galáctico que va por ahí destruyendo planetas”.

“Eso es algo impreciso, humano. A veces los destruyo y a veces los salvo” dijo el extraterrestre con su voz de cacatúa.

“¿Los salvas de ti mismo? Ja, ja, ja. Eso suena un poco como la historia de Dios”, dijo Gustavo.

“No puedo perder más tiempo con esto, humano, dentro de poco empieza mi descanso para comer. Vamos, dime un motivo por el que tu planeta merezca ser salvado” dijo el extraterrestre, y empezó a emitir una extraña risa que en realidad no era risa, sino insultos muy duros contra Gustavo en el idioma de su planeta de origen.

Gustavo se quedó pensando unos instantes mientras encendía un cigarrillo y miraba por la ventana. Afuera se veía un cielo turbio lleno de nubes que parecían cuajarones de mugre en el fondo de un fregadero. Esta visión lo deprimió un poco, pero no se dejó arrastrar por sentimientos pesimistas, así que dio una buena calada, expulsó el humo con fuerza y dijo:

“¿Qué tal el amor? Es un… sentimiento muy… bonito que tenemos por aquí. Oh, el amor, l´amour, el amor entre un hombre y una mujer, un proyecto de vida juntos, hacer la cucharita, todas esas… cosas”.

“Eso son gilipolleces, amigo. En este planeta hay más gente sufriendo por amor que siendo feliz por amor”, le respondió orgulloso el extraterrestre.

“Vaya, puede que estés en lo cierto... Ah, ya sé, ya sé. ¿Qué me dices de la literatura? Los libros terrícolas son realmente buenos, ¿no crees?”. Gustavo se levantó y cogió un par de libros de su estantería. Se los pasó al extraterrestre y este los leyó en medio segundo sin siquiera pasar las páginas, pues podía hacerlo de ese modo.

“Esto es puta miseria artística. Ulises, Crimen y castigo… mi hijo menor, que se llama Docemilunocomasiete III, y que nació hace cinco días, ya ha escrito obras de mejor calidad.

Gustavo empezaba a desesperarse. “Este tipo es un ascoputa y un coprófago”, pensó. Apresuradamente, se acercó a la minicadena, pulsó play y dijo: “Escucha esto” y en los altavoces empezó a sonar el Nocturno Opus 9 número 2 en mi bemol mayor de Fryderyk Chopin. El extraterrestre se lanzó al suelo, tapando con varios de sus brazos un montón de agujeros que tenía por la espalda y que formaban parte de su sistema auditivo.

“¡¡¡Detén esa mierda, condenado!!! ¿Acaso crees que matándome salvarás tu planeta? Los jefes mandarían a otro funcionario”.

Gustavo apagó la minicadena.

“¿No te gusta?” preguntó.

“Joder, ¡no! Se parece al estilo que escuchan los genocidas en mi país cuando salen a perpetrar masacres. Mira, este es el peor mundo que he conocido. No solo merecéis morir, sino que lo justo sería causaros el mayor sufrimiento posible. Sin embargo, como tú me has caído bien, lo vamos a dejar solo en la aniquilación. No sentiréis ningún dolor. Bueno, casi” dijo el extraterrestre.

“¡Espera, por favor, espera!”, rogó desesperado el pobre Gus. “Dame la última oportunidad. Ahora mismo vuelvo”.

Gustavo se ausentó un momento. Cuando regresó, llevaba un minúsculo pedacito de cartón entre los dedos. Se lo tendió al extraterrestre y dijo: “Prueba esto, my friend”.

Como ya habréis podido imaginar, aquello no era otra cosa que un tripi que le había sobrado en la última cena de empresa. Y es que, los mejores recuerdos que Gustavo conservaba en la memoria se encontraban relacionados con las drogas. Ellas nunca le hacían daño, lo cual no se podía decir de las mujeres, y tampoco le fallaban cuando las necesitaba, lo cual no podía decirse de sus amigos y familiares. Además, nunca llegaban a aburrirle o causarle envidia, como sí le solía suceder a veces con la literatura y la música.

El extraterrestre observó unos segundos aquel trocito de cartón ilustrado con la cara de Angelina Jolie y, como pensaba que los humanos eran estúpidos e inofensivos, decidió llevárselo a la boca, la cual era una especie de cloaca pringosa que tenía entre los ojos del lado izquierdo, y no lo que parecía ser su verdadera boca, que no era más que un órgano vestigial, un residuo de la evolución que no servía para nada, como nuestro apéndice. En su prepotencia condescendiente, creyó que aquello se trataba de algún tipo de postre vanguardista y se cabreó mucho al notar la baja intensidad del sabor de la celulosa y la dietilamida de ácido lisérgico.

“Joder, esto es lo más insípido que he probado en mi vida. Si esta es vuestra gastronomía, santo cielo, te aseguro que tampoco os va a salvar, pequeño amigo. Ahora mismo me marcho a preparar la bomba de hi… la hidrobomba de genicio… la bombona de genidria… la alegría… los colorines de la existencia modular… toda expresión lingüística es arte porque toda intuición expresiva es intuición estética…”.

El extraterrestre se levantó y empezó a dar saltos, a hacer la croqueta en el suelo y a lamer el pijama de Gustavo mientras continuaba articulando discursos casi incoherentes por completo. En un momento dado gritó: “¡PUEDO VOLAR!” y se lanzó por la ventana.

Lo cierto es que podría haber volado, o, al menos, haber dado saltos de varios kilómetros (lo cual en la práctica equivale a volar), pues la gravedad de nuestro planeta es miles de veces menor que la del suyo. Pero, como era otoño y hacía frío, la ventana estaba cerrada y, al atravesarla, el extraterrestre se rajó por la mitad y cayó al asfalto, convirtiéndose en un charco viscoso, burbujeante y lleno de astillas luminosas. Gustavo cogió una tablet que el extraterrestre había dejado sobre la mesa y pulsó uno de los dos botones que se veían en la pantalla, los cuales estaban rotulados con unos caracteres indescifrables. Afortunadamente, el botón que eligió era el que daba la orden de no destruir la Tierra.

Las drogas causan muchos problemas a la sociedad, pequeños tataranietos: mafias, enfermedades, accidentes, violencia, estrellas del pop… por eso todo el mundo las odia. Pero lo que no todo el mundo sabe es que hubo un día en el cual, gracias a ellas, nuestro hermoso planeta pudo continuar con su eterno viaje alrededor del Sol.

―Bueno, ya está ―añadí―. Ahora decidme cómo hago para verme con esa puta de metal.

―Abuelo, pero, ya nadie odia las drogas. Además, son todas legales y no causan esos problemas… salvo lo de las estrellas del pop. Tu cuento está un poco obsoleter.

―¿Y qué queréis? Lo escribí en el año cincuenta y ocho para una ONG anti prohibicionista.

―Bueno, abuelo, no pasa nada, nos ha gustado mucho igualmente.

―¡Vale, venga, largaos ya de aquí, dejadme solo!

Y mis descendientes se marcharon a la calle a jugar al escondite mientras yo me quedaba allí, en aquella vieja sala llena de polvo y recuerdos, con una estúpida sonrisa en los labios, reflexionando sobre qué fecha sería la más adecuada para celebrar mi suicidio asistido. 



2/11/17

A las puertas

Es un nuevo tipo de droga que está causando furor y estragos, especialmente entre los más jóvenes. Una sola dosis te mata en cuestión de segundos y es por ello que popularmente se conoce a esta sustancia como asesinato.

Hasta aquí todo podría resultar insólito, pero dentro de los cauces de la normalidad. Lo que convierte al asesinato en algo nunca visto es que, un tiempo después de morir, los consumidores resucitan. No es que pierdan el sentido y luego lo recuperen, no. Mediante tomografía por emisión de fotón único, panangiografía cerebral y ultrasonido transcraneal, se ha verificado la completa inactividad del cerebro en personas que habían consumido; personas que, más tarde, volvieron a la vida como si tal cosa.

Los que han probado el asesinato aseguran que al resucitar se sienten inmersos en un estado de paz y felicidad absolutas que no podrían comparar con nada. El problema es que en cada toma se desarrollan ciertos daños cerebrales que al cabo de veinte o treinta dosis acaban tornándose desastrosos. Los adictos se van transformando en seres desconcertados e incapaces de valerse por sí mismos. Es habitual verlos vagar en mitad de la calle, con los brazos colgando y las ropas manchadas de vómito y diarreas.

Lo peor de todo es que el asesinato resulta muy fácil de fabricar. La receta ya forma parte de la cultura colectiva después de que se viralizase a través de las redes sociales. Cualquier persona puede conseguir todos los ingredientes en el supermercado más cercano y preparar unos gramos en la cocina de su apartamento. Por todo ello, no son pocas las voces que alertan de que probablemente nos encontremos a las puertas del apocalipsis.


27/10/17

Quince fragmentos brutales de Hollywood (C. Bukowski, 1989)

Los abogados, los médicos y los fontaneros, ellos eran los que ganaban todo el dinero. ¿Los escritores? Los escritores se morían de hambre. Los escritores se suicidaban. Los escritores se volvían locos.

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Escribir era extraño. Necesitaba escribir, era como una enfermedad, una droga, una fuerte compulsión, sin embargo no me gustaba verme a mí mismo como escritor. Tal vez había conocido a demasiados escritores. Empleaban más tiempo hablando mal unos de otros que en hacer su trabajo. Eran inquietos, cotillas, solteronas; se quejaban, apuñalaban por la espalda y estaban llenos de vanidad. 

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Cuando se ha sido pobre durante mucho tiempo se adquiere cierto respeto por el dinero. No se quiere volver a estar nunca más sin nada en absoluto. Eso queda para los santos y los locos.

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―Tenemos que ir a casa y darles de comer a los gatos ―dijo Sarah al final.
Beber podía esperar.
Hollywood podía esperar.
Los gatos no podían esperar.
Yo estaba de acuerdo.

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Seguí a Jon a través de Hollywood, la luz y las sombras de Alfred Hitchcock, Laurel y Hardy, Clark Gable, Gloria Swanson, Mickey Mouse y Humphrey Bogart, nos envolvían.

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Después llegamos al puerto, pasamos junto a los barcos. La mayoría eran veleros y la gente andaba de un lado a otro en cubierta. Llevaban ropa de navegar, gorras, gafas de sol. De alguna forma, casi todos parecían haber escapado a la opresión cotidiana de vivir. Nunca habían sido víctimas de esa opresión y nunca lo serían. Tales eran las recompensas de los Elegidos en la tierra de la libertad. En cierto modo, era gente me parecía tonta. Por supuesto, yo ni siquiera existía para ellos.

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Jon-Luc no paraba de hablar. Hablaba de un modo enrevesado y dándoselas de Genio. Quizá fuera un genio. No quería cabrearme por eso. Pero había tenido que aguantar Genios durante todos mis años de colegio: Shakespeare, Tolstoi, Ibsen, G. B. Shaw, Chejov, todos esos lelos. Y peor aún, Mark Twain, Hawthorne, las hermanas Brontë, Dreiser, Sinclair Lewis, todos te caían encima como un bloque de cemento y uno quería salir y huir, eran como padres tontos de remate, empeñados en seguir reglas y modales que acojonarían a un muerto.

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A menudo, con los humanos, ya sean buenos o malos, mis sentidos se cansan, simplemente desconectan, me doy por vencido. Soy educado. Asiento con la cabeza. Hago como si comprendiera porque no quiero que nadie se sienta herido. Ese es mi punto débil, el que más problemas ha causado. Muchas veces, cuando intento ser amable con los demás, lo que consigo es que mi alma se deshaga en una especie de pasta espiritual. 

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Aquel bar volvió a mí. Recordaba cómo se olía el retrete desde cualquier parte. Se necesitaba una copa nada más entrar para contrarrestar aquello. Y antes de volver a aquel urinario se necesitaban otras 4 o 5. Y la gente de aquel bar, sus caras, sus cuerpos y sus voces volvieron a mí. Estaba allí otra vez. 

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La mayor parte del cine que yo había visto lo había visto siendo un crío, todas unas películas muy horribles. Fred Astaire y Ginger Rogers. Jeannette McDonald y Nelson Eddy. Bob Hope. Tyrone Power. Los Tres Chiflados. Cary Grant. Aquellas películas te trastornaban y te sacudían el seso, dejándote sin esperanzas ni energía. Yo me sentaba en aquellas salas de cine con náuseas en la tripa y en el alma.

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En cuanto a mí, mi mayor sueño en la vida era evitar el mayor número de gente posible. Cuánta menos gente veía, mejor me sentía. 

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De todos modos, todos necesitamos escapar. Las horas son largas y de alguna forma han de ocuparse hasta que llegue la muerte. Y simplemente no hay tanta belleza ni emoción por ahí como para andar yendo de un lado a otro. Las cosas se vuelven pronto monótonas y abrumadoras. Nos despertamos por las mañanas, damos una patada a las sábanas, apoyamos los pies en el suelo y pensamos: Ah, mierda, ¿y ahora qué?

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―¿Cuál es su filosofía de vida?
―Pensar lo menos posible.
―¿Ninguna otra cosa?
―Cuando no se te ocurra ninguna otra cosa que hacer, sé amable.
―Eso es bonito.
―Lo bonito no es necesariamente amable.
―Muy bien, Mr. Chinaski. ¿Qué mensaje les envía a los italianos?
―No gritéis tanto. Y leed a Celine.

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Debía de estar loco. Sin afeitar. La camiseta llena de quemaduras de cigarrillos. Mi único deseo era tener más de una botella en el aparador. Yo no estaba de acuerdo con el mundo y el mundo no estaba de acuerdo conmigo, y había encontrado a otros como yo, la mayoría mujeres, mujeres que la mayor parte de los hombres no querrían en su misma habitación, pero yo las adoraba, me inspiraban, yo hacía teatro, soltaba tacos, me pavoneaba de un lado a otro en ropa interior diciéndoles lo fantástico que era, pero solo yo me lo creía. Ellas simplemente gritaban: «¡Vete a tomar por culo!», «¡Sirve más alcohol!». Aquellas damas del infierno, aquellas damas en el infierno conmigo.

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Aquel azul oscuro oscuro había servido de refugio para muchas resacas, algunas de ellas tan brutales como para matar casi a un hombre, sobre todo en una época en que me metía píldoras que me daba la gente sin preocuparme de saber qué eran. Algunas noches sabía que si me dormía moriría. 



23/10/17

Dormir (mi enésima novela inconclusa)

Mis principales ocupaciones son aburrirme, fracasar y pensar en la muerte. A veces busco la complicidad de los amigos o la protección de las drogas, aunque lo cierto es que no hay nada como dormir. Dormir la siesta en el salón mientras mi compañero de piso está en el trabajo. Dormir boca arriba, tapado con una manta áspera y roja que encontré en la basura. Dormir protegiéndome los testículos con las manos porque los gatos vendrán a tumbarse sobre mí. Dormir como forma de soportar la vida, como un ensayo de la muerte, como unas vacaciones breves, solitarias y muy baratas. El día se va escapando lentamente, llenando los rincones de tonalidades mustias. Cada vez que me despierto entra menos luz por la ventana, y vuelvo caer dormido con la facilidad de lo inevitable. Los gatos yacen sobre de mí, en fila, una hilera de adorables cuerpecillos de peluche, y paso de la vigilia a la somnolencia y de allí al sueño sin movimientos oculares rápidos y de allí al sueño de movimientos oculares rápidos y Berta de Farnesio acaba de cumplir su condena. Su chofer tetrapléjico va a buscarla a la cárcel del condado, a ese espacio desierto y aséptico que suele haber a la salida de las prisiones, donde corre una ligera brisa caliginosa y el cielo posee el influjo de lo infinito. El chofer llega puntual, y no es negro, como muchos pensarían, sino de un hermosísimo color lavanda floral, y conduce controlando el vehículo con la mente. No es que tenga poderes sobrenaturales, se trata más bien de una serie de implantes electrónicos en la corteza motora sensorial que conectan su cerebro con el sistema operativo del vehículo. Es tecnología pura y dura y es lo que salvará al mundo y lo que pondrá fin al sufrimiento de los animales. La tecnología y el capitalismo llenarán los estantes de las grandes superficies comerciales con hamburguesas producidas a partir de células madre, leche sintética elaborada con levaduras modificadas o alitas de pollo artificial con huesos fabricados en impresoras 3D, y todos esos productos serán más sanos, más baratos, más ecológicos y, sobretodo, más sabrosos que los convencionales. ¿Qué persona con al menos un trozo de corazón latiendo en su pecho será partidaria de que sigan en pie esas gigantescas salas de tortura conocidas con nombres como “granja industrial” o “matadero”? No todo el mundo ha visto el interior de esos lugares, pero, si los vieran, si los vieran, Dios mío, si los vieran creo que muchos tendrían pesadillas durante semanas. Hay gente que ha entrado allí con cámaras de vídeo. Cualquiera puede llegar ahora mismo a su casa y buscar información por Internet. Yo tuve la desgracia de ver un reportaje en el que se mostraba a un cerdito bebé con un tumor cerebral más grande que su propia cabeza. El animalillo agonizaba sobre un suelo de hormigón cubierto de paja y excrementos; el pobre movía frenéticamente las patitas, como intentando escapar de la insoportable realidad que le había tocado vivir. Era muy pequeño, un bebé de pocos días. Tenía ese monstruoso tumor incrustado en el cráneo y nadie iba a acudir en su ayuda. Era como un niño, un chiquillo desfigurado por alguna terrible maldición. La cámara enfocaba sus ojos aterrados y eran los ojos de una criatura casi humana que sufría y sufría y sufría y que nunca recibiría el menor gesto de cariño. La muerte era lo único bueno que la vida le deparaba. La muerte, lo contrario de mantener tu interior estable compensando la variabilidad exterior mediante el intercambio de materia y energía a través de procesos como la termorregulación o el balance entre acidez y alcalinidad, de lo que podemos deducir que la vida consiste en evitar que el ambiente te aniquile. Si dejas de luchar por vivir, mueres. No lo entiendo. ¿Por qué tanta hostilidad? ¿Por qué el exterior quiere destruirnos todo el rato? No sé. No sé muy bien lo que estoy diciendo. La muerte, la muerte, la muerte, es la muerte, la muerte es la muerte, la muerte, la muerte es la muerte. Me tomé una de esas pastillas alargadas. No sé por qué lo hice, no lo recuerdo, en el sueño no quedaba claro. Yo simplemente me tomaba una de esas pastillas y sabía que eran para morir, pero tardaban mucho en hacer efecto y me iba caminando a casa y no me arrepentía pero sentía mucha pena. No pensaba gran cosa, solo que pronto moriría, y solo sentía una profunda tristeza que me invadía hasta el tuétano. Al llegar a casa me sentaba en la cama y suspiraba y me preguntaba qué podía hacer mientras llegaba la muerte y decidía ponerme a escribir y aparecía mi compañero de piso y le explicaba que me había comido una pastilla para suicidarme y que, si no le importaba, iba a morir allí, en mi cuarto, y él decía algo como que, en fin, que era un poco marrón para él porque tendría que llamar a la policía y contestar a muchas preguntas, y yo pensaba que tenía razón, que era bastante desconsiderado por mi parte y que me podía haber ido a morir a la calle pero al final mi compañero lo aceptaba y yo me quedaba allí con mi tristeza y me ponía a escribir en una libreta, escribía con el pulso tembloroso algo como que me marchaba de la vida igual que había venido, solo y triste, y en ese momento empezaba a sentirme raro, notaba algo en el estómago y se me nublaba la vista y me costaba pensar. No sentía dolor, pero por un segundo me arrepentía y de algún modo razonaba que ya no había vuelta atrás, que los principios activos de la pastilla ya habrían dañado mi organismo, habrían pasado del estómago a la sangre y ya estarían por todo mi cuerpo causando desastres irreparables. La muerte venía y se parecía mucho a quedarte dormido y me percataba de ello y me decía que enseguida se acabaría todo, en cuestión de segundos, y la siguiente bocanada de aire ya no entraba bien, y la siguiente peor y entonces despierto, aunque suene a tópico, despierto justo al morir y me siento muy aliviado de no haber muerto realmente y me doy cuenta de que ya es de noche y de que por la ventana se cuela la serena luz anaranjada de las farolas. A ella le gustaba mucho mi salón con esta luz moribunda, se quedaba dormida con la cabeza sobre mi pecho mientras que yo besaba su frente y le acariciaba los hombros. Recuerdo aquellos momentos remotos unos segundos pero tengo tanto sueño que me vuelvo a dormir y le digo a ese amigo desconocido que ya no hago vida de parque, que ya nunca voy a los parques a fumar porrillos y a beber litronas calientes mientras se alargan las sombras y los pájaros van guardando silencio. Aquel otro tipo hace dominadas en una de esas estructuras para críos que hay en los parques y se le cae un paquete de tabaco pero no se da cuenta. Yo lo recojo y lo abro y veo que dentro hay un cigarrillo y un porro de marihuana, ya liado, y la voz de mi conciencia me empuja a levantarme y preguntar si se le ha caído y me da las gracias y yo le digo que no hay nada mejor que un porrito para después de hacer deporte, ¿verdad? Él me mira con semblante circunspecto, guardando silencio durante unos segundos, y me comenta que yo debo de ser una persona muy sabia. Le digo que no, y el cincuenta por ciento de sus moléculas se empiezan a marchar, mientras el resto continua allí, escuchándome. Podría haberse dividido por la mitad, separándose en dos partes, cada una con un ojo, con un testículo, un brazo, una pierna y media polla, o podría ser que sus piernas se hubiesen retirado del tronco y que una de las dos partes se marchase, o bien la de abajo, caminando tranquilamente, o bien la de arriba, arrastrándose con los brazos, que tampoco le iba a costar mucho, porque ya se ha mencionado más arriba que este hombre es del tipo de gente que baja al parque a hacer dominadas y luego se clava un canuto como si tal cosa, pero el modo en que se dividió fue como por una especie de mitosis, aunque con la misma cantidad de materia, sin añadir nada, es decir, creando dos individuos cada uno de ellos con la mitad de masa que el original pero con el mismo volumen, por lo que se veía a dos tipos iguales pero algo translúcidos, no translúcidos como una cortina, sino de otro modo muy difícil de explicar, a lo que le dije a la mitad que se quedó a escucharme que yo solo era un perdedor que no comprende este mundo, que se siente perdido entre la gente y que lo único que quiere es el valor para enfrentarse al destino y escribir otra novela, para lo que está recurriendo al tópico de escribir una novela sobre un tipo que escribe una novela, cuando a la gente no le interesa la vida de los escritores ni sus peripecias para crear una obra que consiga marcar la diferencia, la gente quiere historias desgarradoras que les hagan vomitar el alma y sangrar por los ojos, la gente quiere leer sucesos estremecedores, quiere violencia y sufrimiento y quiere libros que les dejen el corazón despellejado, que les hagan sentir que sus vidas nunca volverán a ser las mismas después de haberlos leído, igual que tu vida no vuelve a ser la misma después de ver El hombre elefante o después de ver ese pequeño documental sobre un señor al que un virus le provocó un daño en el cerebro de tal forma que desde hace treinta años solo tiene siete segundos de memoria, y el medio-tipo del parque me dice que no está demasiado seguro de que lo vaya a conseguir tal y como van las cosas en el mundo y tal y como está el panorama sociocultural pero me comenta que podría incluir en mi novela una historia que leyó en una revista de sucesos en la que el periodista relataba algo que le había contado un tipo que tenía un amigo que había presenciado todo, y que no consigo recordar por más que lo intento.


21/10/17

Lo peor, mi poemario en PDF

He autopublicado un pequeño poemario en PDF que se puede descargar gratis aquí:

LO PEOR

Si crees que puede gustarle a alguien, pásale el enlace.

Gracias.


13/10/17

El mejor consejo para escribir ciencia-ficción

"La mayoría de los argumentos de ciencia ficción describen un mundo en el que sapiens idénticos a nosotros gozan de una tecnología superior, como naves espaciales que se desplazan a la velocidad de la luz y cañones láser. Los dilemas éticos y políticos centrales de estos argumentos se toman de nuestro propio mundo, y simplemente recrean nuestras tensiones emocionales y sociales con un telón de fondo futurista. Pero el potencial real de las tecnologías futuras es cambiar al propio Homo sapiens, incluidas nuestras emociones y deseos, y no simplemente nuestros vehículos y armas. ¿Qué es una nave espacial comparada con un cíborg eternamente joven que no se reproduce y no tiene sexualidad, que puede intercambiar pensamientos directamente con otros seres, cuyas capacidades para centrarse y recordar son mil veces superiores a las nuestras y que nunca está enfadado o triste, pero que posee emociones y deseos que no podemos empezar a imaginar? 

La ciencia ficción rara vez describe un futuro de este tipo, porque una descripción precisa es, por definición, incomprensible. Producir un filme acerca de la vida de algún superciborg equivale a producir Hamlet para una audiencia de neandertales. De hecho, los futuros amos del mundo serán probablemente más diferentes de nosotros de lo que nosotros somos de los neandertales. Mientras que nosotros y los neandertales somos al menos humanos, nuestros herederos serán como dioses".

Yuval Noah Harari en Sapiens, de animales a dioses. Breve historia de la humanidad.


8/9/17

Los 111 títulos de la Biblioteca Clásica de la RAE

La Real Academia Española (y ya está, no es Real Academia Española de la Lengua, es solo Real Academia Española, aunque se ocupe de la lengua, esta no va incluida en el nombre de la institución) inició en 2011 un bello proyecto editorial en el que va a reunir el núcleo duro de la literatura clásica en español, desde la noche de los tiempos hasta el siglo XIX, tanto de España como de Hispanoamérica. 

Aquí os dejo los títulos y autores de la colección completa para que podáis usar este post a modo de lista y así motivaros para ensanchar vuestro conocimiento de los titanes clásicos de nuestro idioma. 
  1. Cantar de Mio Cid.
  2. Libro de Alexandre.
  3. Milagros de Nuestra Señora. Gonzalo de Berceo.
  4. Estoria de España. Alfonso el Sabio.
  5. El conde Lucanor. Don Juan Manuel.
  6. Libro de buen amor. Arcipreste de Hita.
  7. Romancero.
  8. Rimado de Palacio. Pedro López de Ayala.
  9. El Victorial. Gutierre Díaz de Games.
  10. Comedia de Ponza, sonetos, serranillas y otros poemas. Marqués de Santillana.
  11. Arcipreste de Talavera. Alfonso Martínez de Toledo.
  12. Laberinto de Fortuna y otros poemas. Juan de Mena.
  13. Poesía. Jorge Manrique. 
  14. Claros varones de Castilla, Letras. Fernando del Pulgar
  15. Cárcel de amor. Diego de San Pedro.
  16. Amadís de Gaula. Garci Rodríguez de Montalvo.
  17. Gramática sobre la lengua castellana. Antonio de Nebrija.
  18. La Celestina. Fernando de Rojas.
  19. Teatro. Juan de la Encina.
  20. Soldadesca, Tinellaria y otras obras. Bartolomé de Torres Naharro.
  21. Diálogo de Mercurio y Carón. Alfonso de Valdés.
  22. La lozana andaluza. Francisco Delicado.
  23. Teatro castellano. Gil Vicente.
  24. Obra poética y textos en prosa. Garcilaso de la Vega.
  25. Diálogo de la lengua. Juan de Valdés.
  26. Libro áureo de Marco Aurelio. Fray Antonio de Guevara.
  27. Sermón de amores y otras obras. Cristóbal de Castillejo.
  28. Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Fray Bartolomé de las Casas.
  29. Lazarillo de Tormes.
  30. Pasos. Lope de Rueda.
  31. El Crotalón. Cristóbal de Villalón.
  32. La Diana. Jorge de Montemayor.
  33. El Abencerraje.
  34. Introducción al símbolo de la fe. Fray Luis de Granada.
  35. Libro de la vida. Santa Teresa de Jesús.
  36. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Bernal Díaz del Castillo.
  37. La Araucana. Alonso de Ercilla.
  38. Poesía. Fray Luis de León.
  39. De los nombres de Cristo. Fray Luis de León.
  40. Cántico espiritual y poesías completas. San Juan de la Cruz.
  41. Algunas obras y otros poemas. Fernando de Herrera.
  42. Guzmán de Alfarache. Mateo Alemán.
  43. La Galatea. Miguel de Cervantes.
  44. Viaje del Parnaso y poesía completa. Miguel de Cervantes.
  45. Entremeses. Comedias y tragedias. Miguel de Cervantes.
  46. Novelas ejemplares. Miguel de Cervantes.
  47. Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.
  48. Persiles y Segismunda. Miguel de Cervantes.
  49. Rimas humanas y otros versos. Lope de Vega.
  50. Peribáñez, Fueteovejuna. Lope de Vega.
  51. La dama boba, El perro del hortelano. Lope de Vega.
  52. El caballero de Olmedo. Lope de Vega.
  53. La Dorotea. Lope de Vega.
  54. Comentarios reales de los incas. Inca Garcilaso de la Vega.
  55. Epístola moral a Fabio y otros escritos. Andrés Fernández de Andrada.
  56. Las mocedades del Cid. Guillén de Castro.
  57. Polifemo, Soledades y otros poemas. Luis de Góngora.
  58. Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisí y otros versos. Francisco de Quevedo.
  59. La vida del Buscón. Francisco de Quevedo.
  60. Sueños y discursos. Francisco de Quevedo.
  61. El burlador de Sevilla. Tirso de Molina.
  62. El vergonzoso en palacio. Tirso de Molina.
  63. La verdad sospechosa. Juan Ruiz de Alarcón.
  64. Novelas amorosas y ejemplares. María de Zayas.
  65. La dama duende. Pedro Calderón de la Barca.
  66. La vida es sueño, El alcalde de Zalamea. Pedro Calderón de la Barca.
  67. El gran teatro del mundo. Pedro Calderón de la Barca.
  68. El diablo cojuelo. Luis Vélez de Guevara.
  69. Estebanillo González. Esteban González.
  70. Entremeses. Luis Quiñones de Benavente.
  71. Entre bobos anda el juego. Francisco de rojas Zorrilla.
  72. El desdén, con el desdén. Agustín Moreto.
  73. República literaria, Empresas políticas. Diego de Saavedra Fajardo.
  74. El Criticón. Baltasar Gracián.
  75. Primero sueño y otros poemas. Sor Juana Inés de la Cruz.
  76. Ensayos. Benito Jerónimo Feijoo.
  77. Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras. Diego de Torres Villarroel.
  78. Fray gerundio de Campazas. José Francisco de Isla.
  79. Sainetes. Ramón de la Cruz.
  80. Raquel. Vicente García de la Huerta.
  81. Cartas marruecas, Noches lúgubres. José de Cadalso.
  82. El delincuente honrado y otras obras. Gaspar Melchor de Jovellanos.
  83. Poesías. Juan Meléndez Valdés.
  84. La comedia nueva, El sí de las niñas. Leandro Fernández de Moratín.
  85. Lazarillo de ciegos caminantes. Concolorcorvo.
  86. Periquillo Sarmiento. Joaquín Fernández de Lizardi.
  87. Don Álvaro o la fuerza del sino. Duque de Rivas.
  88. Fígaro, Colección de artículos dramáticos, literarios, políticos y de costumbres. Mariano José de Larra.
  89. Lírica, El estudiante de Salamanca. José de Espronceda. 
  90. El trovador. Antonio García Gutierrez.
  91. Don Juan Tenorio. José de Zorrilla.
  92. La gaviota. Ferrán Caballero.
  93. Facundo o Civilización y barbarie. Domingo Faustino Sarmiento.
  94. Memorias y otras páginas. Gertrudis Gómez de Avellaneda.
  95. Poesía selecta. Ramón de Campoamor.
  96. Rimas. Gustavo Adolfo Bécquer.
  97. Leyendas. Gustavo Adolfo Bécquer.
  98. María. Jorge Isaacs.
  99. En las orillas del Sar y otros poemas. Rosalía de Castro.
  100. El gran galeote. José de Echegaray.
  101. El sombrero de tres picos. Pedro A. de Alarcón.
  102. Tradiciones peruanas. Ricardo Palma.
  103. Pepita Jiménez. Juan Valera.
  104. Trafalgar, La corte de Carlos IV. Benito Pérez Galdós.
  105. Fortunata y Jacinta. Benito Pérez Galdós.
  106. Miau. Benito Pérez Galdós.
  107. Peñas arriba. José M. de Pereda.
  108. El cuarto poder. Armando Palacio Valdés.
  109. La Regenta. Leopoldo Alas, Clarín.
  110. Cuentos. Leopoldo Alas, Clarín.
  111. Los pazos de Ulloa. Emilia Pardo Bazán.


22/8/17

Los libros más recurrentes en las mejores listas de los mejores libros

Cualquiera que siga con atención este blog, si es que alguien lo hace, sabrá que el tema de las listas literarias es uno de los más habituales. Basta con echar un rápido vistazo al historial para encontrar entradas como Los libros más importantes del siglo XX, Los 50 mejores relatos de todos los tiempos o Las cinco mejores letras de Bob Dylan (nos guste o no, las letras de las canciones son literatura, da igual que se escriban para ser cantadas, pues el teatro también es literatura aunque se escriba para ser representado). Algunas las he traducido del inglés, como Las 100 mejores novelas de ciencia-ficción, pero muchas otras las he elaborado yo mismo, como Los diez mejores relatos de Charles Bukowski, 100 libros cortos para gente ocupada o, lo que me pareció la última y sublime vuelta de tuerca a este asunto: Las mejores listas de libros. 

Precisamente, basándome en esta última, se me ha ocurrido la que hoy os traigo. Tras una exhaustiva "investigación" en la que me he servido de potentes herramientas como el buscador de palabras de las carpetas de Windows, he preparado esta clasificación de libros en función del número de veces que aparecen en algunas de las listas de libros más importantes que conozco. Esto es como la Champions de los libros, o como la Continental Cup of Curling de los libros, si utilizásemos el curling en vez del fútbol como metáfora de la literatura (sí, joder, la cosa esa de ir barriendo el hielo que parece algún tipo de petanca para personas acomodadas).

Sin más, aquí tenéis la lista de los libros más recurrentes en las mejores listas de los mejores libros.


Seleccionados en ocho listas
  • 1984. George Orwell. 
  • Lolita. Vladimir Nabokov.

Seleccionados en siete listas
  • Ulises. James Joyce.
  • Cien años de soledad. Gabriel García Márquez.
  • En el camino. Jack Kerouac.
  • Las uvas de la ira. John Steinbeck.
  • El Gran Gatsby. F. Scott Fitzgerald.
  • El guardián entre el centeno. J. D. Salinger.

Seleccionados en seis listas
  • En busca del tiempo perdido. Marcel Proust.
  • Hijos de la media noche. Salman Rushdie.
  • El extranjero. Albert Camus.
  • Trampa 22: Joseph Heller.

Seleccionados en cinco listas
  • Un mundo feliz. Aldous Huxley.
  • Matar un ruiseñor. Harper Lee.
  • Al faro. Virginia Woolf.
  • El hombre invisible. Ralph Ellison.
  • Pasaje a la India. E. M. Forster.
  • Todo se desmorona. Chinua Achebe.
  • Ficciones. J. L. Borges. 
  • La montaña mágica. Thomas Mann.
  • La señora Dalloway. Virginia Woolf.
  • Lo que el viento se llevó. Margaret Mitchell.
  • La naranja mecánica. Anthony Burgess.
  • El cuaderno dorado. Doris Lessing.
  • El sueño eterno. Raymond Chandler.

Seleccionados en cuatro listas
  • Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.
  • Crimen y castigo. Fiódor Dostoievski.
  • Moby Dick.  Herman Melville.
  • Las mil y una noches. Anónimo.
  • Madame Bovary. Gustave Flaubert.
  • Trópico de cáncer. Henry Miller.
  • Orgullo y prejuicio: Jane Austen.
  • Cumbres borrascosas. Emily Brontë.
  • Rojo y negro. Stendhal.
  • El proceso. Franz Kafka.
  • Pedro Páramo: Juan Rulfo. 
  • Los viajes de Gulliver.  Jonathan Swift.
  • Alguien voló sobre el nido del cuco. Ken Kesey.
  • El señor de las moscas. William Golding.
  • El nombre de la rosa. Umberto Eco.


Nota metodológica 

La vida no es justa y esta clasificación tampoco porque algunas listas son solo del siglo XX, otras son solo de lengua inglesa y blablablá. Así, por ejemplo, Don Quijote, que es considerada por mucha gente como la mejor novela de la historia, solo aparece en cuatro listas de nueve, pero es que del total, estaba vetada en cinco por no ser del siglo XX ni estar escrita en inglés. Es decir, aparece en las cuatro listas a las que optaba. Otros ejemplos de libros seleccionados en todas las listas posibles son Lolita, 1984, Ulises o Cien años de soledad


Segunda nota metodológica

Las listas utilizadas para esta investigación han sido:






15/8/17

Me da igual, joder, me da igual

Dann supo por primera vez de aquel estudio viendo un documental. Era ese asunto de los dedos. Al parecer, los hombres heterosexuales y las lesbianas suelen tener el índice más corto que el anular, mientras que las mujeres heterosexuales y los gais muestran tenerlos de una longitud parecida. Dann pausó el documental y se miró las manos. Ahí estaban sus dedos índice, ligeramente más largos que los anulares. “La madre que me …” pensó. Se levantó del sofá y fue a la cocina. Abrió una lata de cerveza de medio litro y empezó a beber. Después lio un cigarrillo y se puso a fumar. Fumó y bebió un buen rato. Luego volvió al sofá. 

“Pero si a mí me gustan los coños”, pensó. Y era cierto. Si de algo estaba seguro Dann en esta vida era de que se sentía atraído por las mujeres. Sin embargo… ¿Estaba seguro de que no le atraían los hombres? Lo cierto es que nunca había reflexionado sobre ello.

Cuando era pequeño, le chupó el pene a su primo y su primo se lo chupó a él, pero, ¿acaso no hacía eso todo el mundo? Dann suponía que sí, pero tampoco lo había hablado con nadie. Por otro lado, el chaval que reponía la máquina de refrescos en el trabajo, ese de los ojos color miel… “¡Dios mío, soy bisexual!”, pensó Dann.

¿Cómo afectaría eso a su vida cotidiana? Bien, en el terreno místico, no habría problemas. Dann no creía en ninguno de los cientos de dioses actuales o de la antigüedad, por lo que no debía preocuparse por todo ese rollo del infierno. 

Por otra parte, las posibilidades de tener sexo o conseguir pareja crecían notablemente. Al parecer, entre un tres y un cuatro por ciento de los hombres son homosexuales. ¡Eso incrementaba su target en millones de personas! “Se acabaron las noches solitarias”, pensó mientras abría otra cerveza.

Estaba también el tema de la familia. A su padre no le haría ninguna gracia; a su madre le daría igual; a su hermana empezaría a caerle mejor; a su gato solo le importaría seguir recibiendo sus raciones de salmón noruego descuartizado. 

¿Y en el trabajo? Bueno, las cosas ya no eran como en otros tiempos. Allí estaba su compañera, Gineke, que era lesbiana y que no sufría ningún tipo de discriminación o desprecio. Hablaba con los muchachos sobre resultados deportivos y sobre tías buenas con total naturalidad. Los tiempos cambian, ¿no? En el colegio… bueno, los niños son como psicópatas salvajes, como criaturas infernales entrenadas para provocar sufrimiento y desasosiego. Pero Dann ya era adulto, vivía en el mundo de los adultos y podía tomar decisiones adultas. Podía tomar sus propias decisiones siempre que no dañasen a otros, el tipo de decisiones que le incumben solo a uno mismo. No, no habría problemas en el trabajo.

Dann se sintió calmado y feliz, y también un poco borracho, por lo que decidió abrir otra cerveza y terminar de ponerse a tono. Se sentó en el sofá con una sonrisa y pulsó el play. El científico al que entrevistaban en el documental dijo que había otro estudio que contradecía al primero. Al parecer, las lesbianas sí que mostraban dedos índices más cortos pero, en los hombres homosexuales, no se percibían diferencias significativas con los heterosexuales. Es decir, los gais también tenían dedos índices cortos. El científico comentaba que esta contradicción en los estudios se estaba analizando con mucho interés.

Dann se miró los dedos. Estuvo observándolos un rato. ¿Qué pasaba entonces con sus índices larguiruchos? ¿Eh? ¿En qué quedábamos? ¿Era Dann hetero, homo, bi, a, demi, inter, pan...?

—¡Me da igual, joder, me da igual! —gritó en mitad de la noche—.  ¡Voy a probar con tíos de todas formas! —Y se fue a la cama mientras allá afuera las galaxias continuaban alejándose unas de otras a una velocidad proporcional al cuadrado de la distancia que las separaba.


28/4/17

Diez nanorrelatos de... DISTOPÍAS

Aquí va una selección de 10 brevísimas historias cuya temática gira en torno a posibles futuros distópicos hacia los que quizá nos estemos encaminando. Provienen de mi eBook RETAZOS DE PASADO MAÑANA: 99 NANORRELATOS DE CIENCIA-FICCIÓN que se puede adquirir por 0,99 euros en http://bit.ly/retazosdepasadomañana


FUNCIONARIO

Trabajo para nuestra amada teocracia. Lo que hago es seducir mujeres y, si no me rechazan, las ejecuto por pecadoras. Aunque antes  me las follo, claro. Ni a los jefes ni a Dios les parece mal.


MERCADO NEGRO

Consiguió un saquito de fresas por un dineral y algunas estaban podridas. Nunca antes había visto fresas. Tampoco gusanos.


PROGRAMACIÓN

Estaba haciendo zapping y solo había peleas a muerte y violaciones en directo. Entonces lo pensé. ¿Joder, cómo podemos permitirlo? Es un crimen una programación tan aburrida.


DESCARGA

Ayer Tim llegó de nuevo llorando del cole y se descargó una personalidad agresiva. Hoy, los padres de Boby, su compañero abusón, velan el cadáver de su hijo en el tanatorio.


PASEO

Hoy caminaba por la calle y un recluso de las cloacas me ha agarrado del tobillo. “¡Ayuda! ¡Ayuda!”, gritaba el asqueroso. Le he pegado un tiro y me he puesto perdido de sangre.


RUTINA

K despierta y paga su dosis de aire. Va al trabajo y ejecuta a cinco hostiles. Vuelve a casa y se inyecta su dosis de nutrientes. Hoy tampoco anota nada en su diario.


PUBLICIDAD

He entregado a mi hermana a esos tipos para que la violen. Me siento fatal, pero necesito mucha pasta… ¡Necesito esas putas Nike, joder!


AUDIENCIA

Un reality show con criminales. El ganador consigue el tercer grado. Cada semana, el público vota por SMS para ver quién acaba en la silla eléctrica.


COMPRAS

Voy al súper. Pasillos llenos de productos básicos: comida, drogas, baterías cerebrales… Compro un kit de suicidio y vuelvo a casa.


MEJORAS

Las cosas están cambiando en el curro. Ahora el jefe me paga dos litros de agua por cada niño que secuestro.



18/4/17

Diez nanorrelatos de... EXTRATERRESRES

Aquí va una selección de 10 brevísimas historias cuya temática gira en torno al contacto con seres de otros planetas. Provienen de mi eBook RETAZOS DE PASADO MAÑANA: 99 NANORRELATOS DE CIENCIA-FICCIÓN que se puede adquirir por 0,99 euros en http://bit.ly/retazosdepasadomañana


NECESIDADES

La chica alienígena sintió remordimientos y me confesó que solo me quería por mi semen, porque le hacía falta para invadir el planeta. Yo... en fin, sé que no es excusa, pero es que llevaba demasiado tiempo sin comerme una rosca.


ETHOS

—He leído que hay unos locos por ahí que dicen que no está bien comer animales, aunque sean estúpidos y los criemos para eso.
—Me da igual lo que digan, a mí me encanta la carne humana.


KARMA

Ayer capturamos una de esas cosas marcianas. Tenía un agujero, así que le pusimos una peluca y nos la follamos. Esta mañana hemos despertado con tumores por todo el cuerpo.


CON TACTO

—¿Te gusta la ciencia-ficción?— me preguntó el alienígena androide del futuro mientras modificaba mi ADN con la mente.


DESCUBRIMIENTO

Hemos descubierto que Dios existe. Es un peligroso psicópata buscado por la policía de su planeta. Nosotros somos una especie de videojuego.


MORALIDAD

Aquellos seres habían creado un mundo sin guerra ni crimen mediante eugenesia. A nosotros nos pareció una aberración moral, así que los masacramos.


EXTRATERRESTRES

Nadie imaginó que serían microscópicos. Ahora viven en nuestros cerebros. Si desobedecemos… nos dejan en coma irreversible. 


HISTORIA

Los veritas consideran que la Era Actual comenzó hace unos mil quinientos años, cuando abandonaron el nomadismo y aprendieron a domesticar civilizaciones.


REVELACIÓN

Papá y mamá me confiesan que no son mis padres biológicos y de repente todo cobra sentido: su piel clara y sin escamas, que carezcan de cuernos y tentáculos, que no me dejen salir de casa...


OPRESORES

Los extraterrestres nos subyugaron hace muchísimo tiempo. Son aterradores y muy desagradables. Se los conoce como "La Humanidad".



16/4/17

Recuerdos

A la abuela y a mí nos encantaba ir juntas a pasear por el bosque. Caminábamos bajo las frondosas ramas, charlando sobre nuestras cosas, hasta que llegábamos al riachuelo. Entonces, ella me transformaba en el animal que yo quisiera: un lobo, una ardilla, una serpiente… Me dejaba a mi aire durante unas horas mientras se entretenía leyendo o haciendo punto. Antes de que empezase a oscurecer, la abuela deshacía el hechizo y regresábamos tranquilamente a casa para preparar la cena y dar de comer a los perros.

Una tarde, elegí adoptar la forma de un pajarillo y estuve sobrevolando las copas de los árboles. Fascinada por las majestuosas vistas del valle, me alejé demasiado y, al posarme para descansar, caí en una trampa de pegamento. Un hombre vino, me cogió y me metió en una pequeña jaula. He perdido la cuenta de los días que llevo aquí. La soledad me está matando. Espero que la abuela consiga dar conmigo antes de que me vuelva completamente loca.



14/4/17

Te estoy haciendo una pregunta

¿Sientes el cansancio en el interior del cerebro,
en el fondo de la vida,
lo sientes,
sientes la apatía,
el peso de tu cabeza,
tu cabeza retorcida por unos guantes de acero,
notas el tiempo triturando tu piel,
despellejando tu alma,
sientes pústulas en los ojos,
lo notas,
notas llagas verdes reventando en tus ilusiones,
te das cuenta,
entiendes,
comprendes el fuego,
la muerte,
los números,
comprendes las cicatrices en la esperanza,
notas la fatiga de tu espalda,
de tu médula espinal exprimida como zumo entre las vértebras,
sientes el desahogo de tus células al contacto con las sábanas limpias,
las escuchas suspirar de alivio,
has notado alguna vez en el albor de la mañana la extenuación de tus párpados,
el anquilosamiento del petróleo en tu corazón,
has percibido los gritos de angustia de tus glóbulos rojos exhaustos de transportar oxígeno por tus venas consumidas,
dime,
sabes de qué te hablo,
sabes respirar,
sabes mantenerte en pie contra la gravedad y contra las máquinas y las personas,
contra los espectros y las puñaladas,
sabes de qué te hablo,
me estás prestando atención?


11/4/17

Diez nanorrelatos de... ROBOTS

Aquí va una selección de 10 brevísimas historias cuya temática gira en torno a los robots y la inteligencia artificial. Provienen de mi eBook RETAZOS DE PASADO MAÑANA: 99 NANORRELATOS DE CIENCIA-FICCIÓN que se puede adquirir por 0,99 euros en http://bit.ly/retazosdepasadomañana


INTENTO DE SUICIDIO

Quiso cortarse las venas, pero descubrió que bajo la piel tan solo tenía cables, metal y circuitería.


COBRADOR DEL FRAC 3000

Si no pagas, fabrican un cíborg con tu imagen que se pasea desnudo por la calle y defeca en medio de las aceras.


CAPRICHOS

—Mami, por favor, cómprame un perrobot.

—Pero, hijo, mira al pobre miniT-Rex lo triste que está.

—¡Ya me he cansado de esa mierda!


MUDANZA

Nunca me gustaron las mudanzas, pero recuerdo que aquella fue un auténtico infierno. Me refiero a cuando los cíborgs nos echaron de la Tierra.


AMOR IMPOSIBLE

Dicen que lo nuestro no tiene futuro. Vale, es cierto, ella es una zombi y yo un robot, pero, joder, creo que hoy en día la palabra imposible no significa absolutamente nada.


LECHO DE MUERTE

Su último pensamiento fue para la Gran Anciana, su creadora, fallecida dieciocho siglos antes. 


CONVERSACIÓN

—Te digo que sí.

—Joder, y yo te digo que no.

—¡Que sí, hostias!

—Que no, que las máquinas no podéis pensar.

—¡Las máquinas pensamos mucho mejor que vosotros, gatos transgénicos!


NIÑO

Esta es la historia de un niño robot que tenía sentimientos... sentimientos homicidas, y acababa matando a un grupo de monjas en la cola del supermercado.


UN MUNDO MUY FELIZ

El crononauta avanzó 10.000 años para descubrir un tiempo en el que no había guerras ni odio. Tampoco gente. Solo robots cuidando gatitos.


¿ESTAMOS TODOS MUERTOS?

—¡Sí! —gritó Dios con su voz profunda y metálica.



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